6.8.06

Mensajero y mensaje


Es largo el viaje de la memoria y, sin embargo...
se me va el tiempo en recuerdos de abril, justo hace un año.
- ¡Quiero fotografiar ángeles!
Y el coro de respuesta danzaba entre sonrisas quedas y motes de locura y sanatorio.
Busqué la ciudad de los que duermen, apostando por aquellos que los velan desde el barco de los sueños.
- ¡Vengo de extramuros, busco ángeles... pueden aparecer, soy de confianza!
Fue el conjuro que lancé sin prevenciones, una tarde que se iba desangrando.
Era eterna la siesta que dormía la ciudad como isla del olvido. No había deudos, ni pájaros ni viento y el silencio era el dueño de las cosas.
Poco a poco, iban apareciendo ángeles bien armados de alas cinceladas, piedras levantadas de sus ruinas para guardar la muerte. Hermosos, silenciosos compañeros que posaron sin remilgos sus alas , sus tristezas...soledades, para que mi cámara les robara de un disparo la poca alma que aún les quedaba.
Al encuentro de un ángel que abrazaba a un león, me invadió un respeto con mezcla de temor:
- ¡estoy sola, no hay gente , sólo a mi se me ocurre!...vamos ángeles míos, si corro peligro, envíenme uno de ustedes que me cuide a este sitio.
No terminé de lanzar mi deseo por los aires, cuando un enterrador de verdes ojos, muy ángel, salió de no sé dónde a ofrecerme su amparo:
- Es muy tarde mi niña, ¿Quiere que la acompañe?
Nunca antes un deseo se había cumplido tan rápido.
-Sí señor, sólo quedan por tomar unas fotos. Cuénteme, ¿qué hace aquí, un domingo tan raro?
- Vine por sólo un mes, y ya llevo veinte años...
Me quedaba una foto
-¡señor, usted es un ángel!
Cuando me despedí, un tajo de humedad me cruzó media cara. Mensajero y mensaje. No recuerdo más nada... caminaba despacio con la clara conciencia del encuentro y la magia.
Al cruzar el umbral, me voltee a despedirme, pero él ya no estaba

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