
Un día, tu música llegó a mi como un mesaje de amor desde dos puntos geográficos diferentes. Un amigo en Venezuela me la envió con el comentario siguiente: „si tu cantarás, cantarías como ella“. Días después mi amor alemán, llegó profundamente conmovido al escuchar una entrevista que te hicieron para la radio de acá, y su regalo también fue tu canto. Así te conocí, a través del amor de los míos de allá y de aquí.
Anoche estuvimos en Frankfurt en el concierto del „Jardín de las Palmeras“. Fue lindo y profundo.
Anoche fui feliz viendo en los ojos de mi hija su alegría por tu cantar. Ella es como tú „mitad y mitad“ , es resultado de la mezcla de dos origenes. Tiene apenas cuatro añitos y ya reconoce su herencia de sangre y de raza: por un lado lo maravilloso y mágico del ser latinoamericano y por el otro ese maravillado profundo silencio del europeo descubridor de mundos.
Por eso, Gracias mujer! Gracias por lo que haces y lo que significas.
Llegaste tempranera y cantarina, así como si nada nos abrazaste cómplice de palabra, palabra india, palabra de continente américano con sus pobrezas y sus riquezas, con su magia y su desdicha.
Mientras, yo no sabía qué hacer con tanta alegría y tanta presencia. Llegaste con tu música y me marcaste el día de belleza, pero también de ausencias. Hoy escribo esto con los ojos hechos agua y agradeciendo al cielo y a tu mamá porque existes.
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