17.8.15

hasta el fin de los tiempos

Una vez más,
Una y otra vez más
te encuentro cansada
de saberte incierto,
cansada de soñarte nuevo.


Eres tú, el caballero medieval de azul mirar,
ese, de vuelta de tu batalla
de la batalla contigo mismo.

Hay amor, y miedo al amor
Y hay silencio
cuando uno quiere gritar te quieros.

Es Pub
noche de fiesta
excusa para la coincidencia
excusa para el eterno encuentro.

Me miras, te miro
nada más importa
si pierdo, gano, no importa.

Te miro
profundo el azul de tus ojos
nado
y me pierdo nuevamente.

Te acercas  
lanzas tu anzuelo, me dejo pescar
conversación, mas miedo.
Se encienden universos.
El amor es aire, respiramos para morir de él.

Nos vamos
vuelta a casa, taxi
son las 2:30
amanecemos:
-ven. vienes
las manos se entrelazan
estoy perdida -yo
como para no perderse -él
dos veces, dos besos
Una vez más,
no existe el final.

Está perdida, lo sabe y esta vez con más sorpresa que nunca. Inesperadamente perdida cuando la esperanza de algo no existe. Sucede de nuevo. Y se pierde, nuevamente, se pierde.

Al regresar a casa busca desesperadamente una señal. Revuelve papeles para encontrar las cartas que el tiempo se encargó de desvanecer; rebusca el cajón de las fotos para leerse en aquel tiempo, no las haya. No se le es dado verse desde afuera, hay que mirar adentro primero.

Entiende que la memoria es una trampa de siete llaves, intuye que no ha podido tirarlo todo al olvido, que para salvarse en todo este tiempo ha aprendido a recordar sólo lo malo, sólo lo triste, lo que le infligió dolor y pena. Para lo bonito, no tuvo memoria y quiere, desesperadamente quiere, evocar lo que se empeñó en olvidar con tanta fuerza.

No encuentra las fotos, no encuentra nada. Pareciera absurdo querer encontrar lo que guardo el olvido. Descubre los diarios, no los ha abierto desde que escribió lo que celosamente guardan dentro. Tiene miedo. La memoria se enciende como la lámpara del ermitaño para vencer la oscuridad del olvido. Leer le permite robarle migajas al tiempo, atisbar una luz a través del cristal y verse. Mientras tanto se le escapa el corazón por los ojos, la respiración acelera su ritmo como en cada cita, en cada muerte y renacimiento.

Por lo pronto y con cada palabra que lee se llena de agua de lluvia. Es un chubasco quedo y manso, lluvia Inglesa, la precipitación que cala los huesos y estremece muy adentro. Afuera llueve como en cada encuentro, como en cada despedida. Sin embargo, ella es aluvión, desbordamiento. A pesar de todo, sabe que saldrá el sol, que vendrá la calma…siempre es lo mismo.

Tropieza con mujer que fue al vivir aquel momento intenso de aquel amor inmenso. La ve al mismo tiempo maga e inocente, amando al caballero medieval de azul mirar. Al que le vaticinaron un día antes del gran viaje, ese mismo que no creyó nunca encontrar. La de hace tanto tiempo, que hoy asustada se lee, página tras página, …Leerse duele, ver lo que ella misma escribió hace 18 años, le duele.

Contempla su historia, hoy los ve guardando cada momento como el más intimo secreto. Espiándose tras los rincones esperando cada atardecer para volar. Qué bello y profundo fue ese amor, lleno de torpezas y aturdimiento, lleno de temores e inmadurez. No hay duda sobre la magnitud del sentimiento. Fue un puente real y transitado, aunque hoy se lea como una historia sin final feliz.

Pero el tiempo ha pasado inexorablemente. Y su mundo y el de él cambiaron, sus sendas se separaron literal y geográficamente, muy a pesar de sí mismos, el hilillo connector de sus almas los ha mantenido invariablemente atados. Cinco visitas ha hecho él en todos estos años, y ella con ésta realiza su primera. Seis veces y en todos sus procesos de vida, se han encontrado respetando las distancias y los muros que con tanto empeño construyeron.
No obstante, la muralla cae después de la reticencia de evitar mirarse nuevamente a los ojos. Se desploma con el paso de los días, mientras juegan a estar cerca y no, al mirarse de soslayo detectan cambios, encuentran resquicios donde la comunicación es posible a pesar del mundo que los envuelve y separa. Así se tantean como dos ciegos. Son dos niños torpes que buscan tocarse para sentir el calor de sus presencias, y rompen el silencio con la inocencia de quien no sabe qué decir.

Entonces ocurre un momento sin vigilancia, lo dos solos en el salón, los dos fingiéndose ocupados mientras ejercen torpezas: „qué linda te vez con el pelo corto“ y ella no sabe que decir, se siente tonta. „Me gustan tus canas“, dice ella, y él hace un chiste sobre la madurez y una mueca. Entonces hay risas y abrazos, cercanía y besos. Ambos pidiendo a Dios, si existe, un lapso de tiempo largo para lamerse las heridas, para demostrarse que su amor no ha muerto.

Pero el reloj da la hora y otros actores hacen entrada en escena. Los amantes se vuelven a separar poniéndose sus mascaras, hasta nuevo aviso. Es que nadie tiene que sufrir a causa de ellos y así se vuelven a alejar a sabiendas de que mueren por un gesto.

Todo está claro, la fisura permanecerá abierta mientras no se nombre el sentimiento. Más tarde, conversación nocturna, el añil de sus ojos se aniega de lágrimas y realidades. Ella es calma y querencia. Él entrega lo que puede dar en ésta la derrota de ambos bandos. Se contemplan, y la profundidad de su mirada espeja ternuras, qué amor tan grande el que se sienten. El mínimo contacto enciende la llama, un nimio gesto es chispa de esperanza, la palabra más pequeña es declaración de paz, ya no hay guerra. Se abrazan y en cada abrazo hay una entrega, la necesidad de la fragancia de otro, tantas ganas de robase el aire mutuamente. Qué ganas de diluir las barreras que hoy los separan. Esas que son más reales que las que levantaron por miedo hace 18 años.

Ambos saben que hoy no, y que tal vez nunca más, habrá comunión que los consuma, aun a sabiendas que esta historia no es de otros sino de ellos. Reconocen que la magia del encuentro les regala una pompa de jabón, en el puente que transitan de tiempo en tiempo. Sólo ellos atestiguan el milagro, pero él allá con los suyos, ella aquí con los de ella. Ambos parecieran estar completos, solo ellos reconocen el vacío de esa esquina de su corazón, ese vértice que únicamente a ellos pertenece, y que reaparece cuando el destino les permite rozarse las manos, mirarse a los ojos y dejarse una caricia dibujada en las mejillas.

Ella escribe nuevamente en su diario, ese que lleva el nombre del hombre y el de una isla de mar agreste y frío, donde su corazón por siempre yace.






20.6.15

Dolores y alegrías de la Cayena



Me ha tomado algún tiempo poder sentarme a juntar palabras. La violencia que a diario se vive en Venezuela, tocó a mi familia de cerca hace tres meses. Lo que antes era parte de las páginas de sucesos de los periódicos, lacera la piel del venezolano a diario, esos seres de bien que salen cada mañana a trabajar y no saben a ciencia cierta si regresarán sanos y salvos a su hogar.  Y es que en Venezuela no existe el estado de derecho desde hace mucho tiempo,  y dicha carencia se ha acrecentado más en los últimos 17 años, todo gracias a un discurso demagógico y populista, y al resentimiento social sembrado en los estratos más humildes que junto a la carencia de educación y de valores logra un caldo de cultivo perfecto para la ignominia y la vergüenza.

No ha sido, todavía, no es fácil entender como la maldad desmedida que hoy vive mi país puede causar un dolor tan grande en apenas segundos. La injusta partida de mi padre un viejo de 74 años, su muerte a manos de malhechores a pleno día en un abasto de hortalizas, me hizo sentir doblemente huérfana, porque también mi última idea patria murió con él.

El vivir en el extranjero hace que a diario experimente la sensación de una vida doble. Soy una Cayena en tierra fría. Mi mundo europeo junto al gran contraste al que las redes sociales e internet me dan acceso: Venezuela y con su deterioro social, moral y económico.

Ha sido un tiempo difícil para mi y los míos. Creo que cuando alguien a quien queremos se enferma gravemente, se nos da tiempo de prepararnos mentalmente para lo peor. Si alguien querido sufre un accidente mortal, el golpe más fuerte siempre es la noticia de la partida. En el caso de mi padre, se le suma la forma violenta e injusta de su muerte. Justamente es eso lo que he estado tratando de digerir. No obstante, dudo que habrá forma posible de entender tanta maldad.

Los tres últimos meses he estado actuando casi automáticamente cuando se trata de realizar mis labores diarias, es que  „la procesión va por dentro“. Sin embargo, el apoyo, la presencia y el amor de mi compañero han sido mi sustentos. Sin él todo habría sido muy distinto.

En Alemania la muerte da más miedo que en nuestros países, se le evade no nombrándola, el luto no se nota o dura poco y todo se esconde detrás de un silencio que denota más temor que respeto. Es una cuestión cultural que tras 17 años en este país he aprendido a entender y a aceptar. Pero soy diferente y es cosa nuestra compartir dolores...

Después de haber asistido a la Misión Católica Española a una hermosa misa para mi padre en un castellano muy venezolano, caí en cuenta que realmente mi mundo es alemán y que no me sentiría mejor si no compartía mi dolor con mi gente de aquí. Así que sin muchas esperanzas de respuesta positiva - porque las misas de difunto no son comunes - pedimos ayuda a la pastora de la iglesia Protestante de mi pueblo.
Ella es una mujer abierta y muy mágica, conocedora de los símbolos y del lenguaje sencillo. Vino a nuestra cita en mi casa-torre, respetuosamente recogió mis lágrimas y mis recuerdos, y así con gran comprensión y gran mística de oficio fue creando engranaje para un servicio religioso que será recordado por mucho tiempo como la despedida más bella hacia un ser querido que haya vivido esta ciudad.

Mi padre visitó mi pueblo por motivo del nacimiento de mi hija hace ya 13 años. Y dejó una huella de la que la señora Christ se sirvió para hacer participes de mi tristeza a conocidos y desconocidos.

Todo fue perfecto, bajo el lema de „la distancia y la cercanía“ se desarrolló un concepto para el servicio religioso: „para todos los que viven por alguna razón dejos de su país de origen, para los que sufren persecución por guerra o por política, para los que huyen de sus países por hambre o por miedo a perder la vida. Para los que teniendo cerca a sus queridos sienten que una gran distancia los separa y para los que como yo viviendo lejos estamos muy cerca de los que dejamos“.

El coro de mi mejor amiga cantó maravillosamente. Un ángel caído del cielo tocó a la guitarra tres piezas latinoamericanas, entre ellas una venezolana; mi amante-compañero fue mi voz con unas palabras llenas de amor y de profundo entendimiento que le salieron del alma. La verdad es que esperábamos que no muchos asistieran al servicio religioso, sin embargo la iglesia se llenó de amigos, de conocidos y hasta de desconocidos también, que al final, expresaron sus deseos por un mundo mejor. Me sentí muy acompañada y sobre todo muy querida.  Ese compartir me ha ayudado mucho a levantarme y a seguir camino. Tengo la suerte de estar en un lugar del que soy parte y en donde me siento en casa.

Una de las cosas fundamentales que mi padre me dejó fue el don de la comunicación y del gesto que es al final lo que nos queda cuando alguien se va. De él aprendí a decir, a no callar. Ahora estoy más consciente que nunca que es necesario expresar los sentimientos, no llevarnos nada al otro mundo: abrazar cuando se sientan ganas de hacerlo, llorar a cántaros todo cuanto se necesite, decir porque decir es abrazar con palabras. No dejar nada por mostrar, pues no sabemos donde nos puede encontrar la muerte.

Ya son tres meses. No quiero seguir contado los días de esta gran herida. Decido más bien, seguir teniendo a mi viejo vivo en mi corazón con todo lo bueno y lo malo que tuvo; con todo lo que me dio y de lo que nutrió mi vida. Me queda su recuerdo; su sonrisa bonachona; la sinceridad de su gesto y palabra; la forma de su amor tosco, pero amor al fin, esa que yo también heredé, y sobre todo el mirarme cada mañana al espejo para encontrarme con él.









10.4.15

El arte "colaborativo" se acerca al individuo.



 
El mundo se ha encogido gracias a Internet. El arte en colectivo logra alcanzar al indefinible ser.

Los artistas se organizan bajo un concepto y en base a él investigan, crean y difunden arte. El soporte de la idea es la apertura hacia el contacto, lo lúdico, las ganas de alcanzar a la gente mostrando la variedad del hecho artístico.

Las plataformas que ofrecen las redes sociales hoy en día facilitan el trabajo creativo de gente con ganas de intercambiar experiencias y dejar su granito de arena en un proceso que les interese o mueva.  La cultura del siglo 21, se basa en el compartir experiencias, logrando adeptos en el intento de dejar una huella.
El arte y la palabra son hoy definidos como un puente permanente en el que se construyen infinitas estructuras, todas basadas en el sentido exploratorio de la creación, ésta que alcanza al ciudadano de a pie y le hace participe de la experiencia artística.

La interacción que nace del encuentro de creativos a través de las redes sociales, ha puesto de manifiesto la tendencia hacia la creación de conceptos artísticos grupales. Manteniendo la individualidad, el artista se atreve a formar parte de un colectivo, que alcanza al observador / consumidor del arte más fácilmente.

Dicha investigación estético-artística, no convencional, tiene un profundo interés en el observador, en el testigo y consumidor del arte en la forma que sea.  Y las acciones que realizan los artistas/ creadores que colaboran en los conceptos de arte, son lo que podríamos denominar un intento de crear una relación humana „horizontal“ hacia el disfrute del mismo. Así se fomenta la reflexión en torno al arte, al hecho artístico y a los movimientos grupales que detrás de una idea intentan hacer un mundo mejor.

Más que arte colectivo hablamos hoy en día del arte colaborativo. Un modo de acción que posibilita la nueva aldea global de Internet. Trabajar en conjunto, ser parte de una idea o de un proceso, colaborar con una exhibición, una acción o un happening a distancia y al mismo tiempo lograr unir los lazos de creadores que se encuentran en diferentes puntos del planeta o a los que mueve un tema en común.

Así funciona, se junta un grupo de hacedores de diversas ramas artísticas, literarias o gente con ganas de expresar y hacer algo creativo. Una mente artística invita a crear, organizar, intervenir, pero sobre todo a aprender los unos de los otros,  llevando el arte individual „del ser  en colectivo“ donde haya cabida y apertura para el hecho comunal y artístico.
Todo conspira casi mágicamente: un sujeto que propone un tema de índole artístico, (exhibición, acción proceso)  y otros individuos lo reciben en algún lugar, decidiendo actuar y realizar su aportación creativa que nutre y expande la idea original. El acceso al arte y a la cultura, es hoy menos lineal y más ramificado que antes. Es un gran laberinto de posibilidades creativas. En este espacio el ego no tiene cabida. La acción y el gesto llegan libremente al interesado en descubrir lo que se ofrece.
Las ramificaciones del arte „colaborativo“ son infinitas y no siguen un patrón determinado, sino a la idea de la creación grupal.
Manifiesto País

Aquí  tres ejemplos de ello:

  • Una artista del la fotografía hace un llamado a definir un concepto. Junta un equipo y arma una exhibición. La respuesta no se hace esperar en forma de más de 60 definiciones de parte de escritores y poetas. Nace „Manifiesto País“. (Lisbeth Salas)
  • Una tejedora de conceptos, crea tapices virtuales que no lo serían si no existiera la respuesta de más de noventa seres desperdigados por el mundo y que tienen algo que decir sobre la idea. Nace „Tapiz a distancia“ (Elisabetta Balasso)
    Tapiz a Distancia
  • Un motor de la creatividad, decide invitar a colegas artistas a regalar imágenes de su trabajo, un día en diferentes ciudades del mundo, para hacer feliz al que hoy encuentra arte y lo disfruta. Así nace „Un encuentro en la ciudad“. (Amalia Pereira)
Un encuentro en la ciudad


El hecho de compartir un trabajo artístico, aceptando el aporte y estando abierto al cambio
la cadena de asociaciones creativas puede ser infinita y mutante como lo cuentan los investigadores españoles Javier Rodrigo y Jordi Claramonte en  el  artículo “Arte Colaborativo: Política de la experiencia”“Lo multimedial con soporte en Internet aporta un terreno apto para nuevas producciones y estimula la generación de nuevos conceptos e interpretaciones“ Dicen además, que este nuevo tipo de arte es aquel que implica un proceso “por el que un grupo de gente construye las condiciones concretas para un ámbito de libertad concreta y al hacerlo libera un modo, o un racimo de modos, de relación, es decir libera una obra de arte”.  En otras palabras, el arte colaborativo otorga una posibilidad de generar espacios de cambio colectivo. O lo que es lo mismo, cambiar directamente el mundo que habitamos

Más adelante afirman estos investigadores que “El valor de la experiencia no radica tanto en el objeto o la situación que la produce, sino en sus consecuencias y efectos a largo plazo sobre el que la experimenta y la reproduce en otras situaciones”

Los artistas crean conceptos, poseen algo que necesitan comunicar. Algo está cambiando pues. “la experiencia se consolida cuanto más grado de relaciones e interrelaciones comprenda y por ello cuanto más autónomamente contagiosa se expanda, es decir, se articule en otras situaciones”.

El arte colaborativo se acerca al individuo y logra respuestas más allá de la mera contemplación del objeto de arte. Al final tales acciones llámense como se llamen, sin duda alguna, están generando paralelamente otros cuestionamientos sobre lo que somos y por qué hacemos lo que hacemos y a quienes nos dirigimos en este mundo que se ha vuelto un pañuelo, un pañuelo global.

6.1.15

"Angekommen sein" = haber arribado


En el fondo suena ella, mi „soundtrack“ del viaje a Santiago de Compostela. Se llama Silvia  Perez Cruz y su canto me duele en el alma. Ella misma que esta noche de luna llena de enero en Cáncer, hace que me sienta desnuda y dolorosamente libre de ataduras. Ella canta, me recuerda las calles de Santiago y el dolor del inmigrante; el de ser venezolana de exilio y el encuentro con un cuatro que cantaba en una esquina. Otra historia, otro dolor.

Esta noche sigue brillando la luna como un sol en las penumbras. Es noche de luna en Cáncer y es Enero del 2015, hace un mes convoqué a cinco magas, más que magas compañeras de mis casi 17 años en Alemania. Son artistas todas, todas alemanas. Hermanas de encuentro, hacedoras también de mi vida en este mundo alemán. Quería agradecerles por tanto compartido, aunque ellas no supieran el por qué, esta noche se titula: „Angekomen sein“.

Desde 1998 vivo en Alemania y ellas son parte importante de mi historia en este país y pues,  llego la hora de agradecer. La luna el Cáncer lo pide, y yo sin saberlo hice la cita para un cinco de Enero. Vaya qué atinada mi intuición, como siempre, aunque a veces crea que ya no funciona.

Después del susto inicial, que te dice: „abriste la caja de Pandora, niña, no te quejes de la sorpresa que te espera“. Viene la maravilla. La Silvia sigue cantando en su gallego querido y yo le abro la puerta a Monika, a Susanne, a Ute, a Maria y a Daniela y con ella les abro mi corazón y mi río de lágrimas.

Es que hay otra la invitada, otra alemana, una que se creció en el cielo tropical. Hace muchos años,  Gego. Ella toma asiento entre nosotros y me abraza. Su historia es la mía vista desde otro lado. Ella inmigró hacia tierra caliente. Venezuela la esperaba y ella la hizo ser lo que fue.

Como yo hoy, que respondiendo a la pregunta inocente de Ute: „cuenta como fue todo esto, desde el principio, eso, el estar aquí, entre nosotros tan diferentes a ti“.

Y dale, y cuenta y has historia de tu historia . Y nada, que gracias, que no tengo país que áquel ya no existe, que me lo robaron.  Que ustedes chicas son mi familia y que vienen las lágrimas y que coño, que ni pena dan.

Y sigue la Silvia cantando y Gego en su  puesto me mira y me lleva a la que fui sin saber, a mis 16 años, áquel su apartamento que miraba al Avila, esa verde bestia dormida y hoy tan lejana. Y que, qué cosas todo muy Borges, todo cita y todo encuentro.

Afuera neva, y hace frío, adentro mi hogar es hoguera. Y mis querencias de aquí y mi dolor de allá. A eso le dicen haber arribado, „angekommen sein“, y sí, que he arribado, que mi mundo es este, no sin dolor por la perdida del otro, ése que también Gego conoció, y que hoy compartí con cinco magas teutonas.

Dios no me ha dejado nunca de lado, me las ha dado cercanas y amigas. Siempre ahí para seguir creciendo juntas, Y sí, „he arribado“, con lágrimas en los ojos, después de tanto tiempo, en un ejercicio de sinceridad que asusta, y si embargo muestra esa que soy, haciendo de tripas corazón, compartiendo mi mundo y orgullosa de ser quien soy. „Angekommen sein“, un verbo en dos palabras. ¡Este idioma alemán tan específico!.

Al final, son casi las dos de la madrugada, la despedida, el agradecimiento, los abrazos. Y Gego que esta noche de luna llena en Cáncer, es puente, maestra y casa.

Qué cosas a mis cuarenta y dele sigo aprendiendo. Sigo llorando como en plena adolescencia y sigo agradeciendo como se debe cuando después del largo camino se llega al otro lado del puente. Así pues.

Hoy aprendí, que después de un largo desandar, el peregrino llega al sitio de destino en el momento en que es capaz de desgarrarse las vestiduras y mostrar su corazón, ese, que le palpita en la mano, y es su más caro tesoro.

Esta es la que soy, terriblemente soy y a mucha honra. „Angekommen, bin ich“ Finalmente, he llegado.