pequeña hermanita,niña sin jardín,
por no tener flores
sembraste una en ti.
Silvio Rodríguez
Te extraño Marce. Tengo miedo de empezar porque le temo a las palabras que no alcanzan, que siempre se quedan cortas. Gata, tú sabes eso mejor que yo...por eso eramos tan buenas hasta en nuestras conversaciones silenciosas. Sabes, estoy escuchando a Amaury y no paro de pensar en ti, tengo ganas de un abrazo tuyo, de salir a volar alcantarillas como cuando los juntabamos los domingos en las tardes por allá en un rincón del teatro. Como cuando sin saber porqué y a pesar de nuestras diferencias
(que pesaban tanto para algunos) no podíamos dejar de estar cerca y es que entre nosotras se conjugaba siempre toda la magia de los espacios que nos vieron pasar. Marce tengo ganas de llorar e ignoro las razones o quizá si las conozco. Me haces falta lo admito y qué difícil me ha sido siempre admitir mis carencias, las ausencias. Marcela rondas mi cabeza como el colibrí a la flor, te siento presente. Pensarás tanto en mí como yo en tí?. Me parece que nos hace falta hablar a las dos. Debe ser que hace tanto que no te veo, tanto que no cazamos luceros, tanto que no divagamos por nuestra ciudad, esa en donde caían edificios en cuestión de segundos y nos salvabamos siempre. Te quiero Gata-flor, es cierto lo que una vez dijiste,
nos atan tantos hilos...hay tantos cruces en el alma...Marce, te acuerdas de la universidad, te acuerdas de ese mundo maravilloso y de nuestro primer encuentro. Yo sí, Candil de Nieve, esa clase tan heterógenea y bipolar; llena de chiquitas sifrinas de la mañana que les faltaba el mundo que tu traías, el mundo de desamparo, de exilio; el mundo del libros y de verdades. Y en medio de esos dos mundos, estaba yo con mis preguntas, yo con mis días de buen salario publicitario y mis noches de aula magna. Mientras, tú no soñabas con ser, tú eras y cada vez que abrías la boca te salían mariposas capaces de crear nuevos universos...tú, la que venía de dejar la carrera en la Simón casi cuando ya faltaba nada para culminar, la que precisó de la palabra para describir modelos y mundos existentes o por existir...
enciéndete clavel cuando amanecer veas la razón...Marce, te acuerdas de como nos esperabamos y nos sabíamos; te acuerdas de tus ataques de luna y que yo no entendía nada de por qué pateabas, en esos momentos y a pesar de ellos sólo sabía que me quedaba igual contigo aunque no me necesitaras...aunque no pidieras ni un hombro para llorar dolores.
Marce querida, cuánto te extraño, te acuerdas de ese periódico clandestino que hicimos un par de veces y que maravillaba por la verdad tan bien escrita, y Jaime y Máximo y Xabier y el resto. Todos la mar de diferentes, todos la mar revuelta que sólo la Central conjuga.
Marce, te dí alguna vez las gracias por mi viaje al Sur, tu sur porque por tus palabras aprendí a amarlo, a imaginarlo, entendí sin conciencia cierta qué es ser latinoamericano, con tus relatos hice el viaje antes de hacerlo, y cuando finalmente iba camino al sur del continente eras tú mi compañera de viaje. Son tantas cosas Gata-loca. Marcela, marcelita tus amigos, los loquitos que venían de la Simón, todos unos geniecitos como todos los de allá, luego la mejor pasta del mundo hecha con solo un tomate y una cebolla en un edificio real y literalmente en demolición, donde vivía Gonzo y nosotras pernoctabamos y hacíamos literatura de la vida y viceversa. Recuerdo nuestras heridas de amor, tu ese, yo este, tu aquel, yo ese otro, tu este, yo aquel. Una noche de guayabo en el conciero de Soledad, con Jaime cuidando a sus niñas, definiendo el amor como un contrato mientras nosotras lo entendiamos más como ese querer de La Maga y Oliveira, porque sino no era vida, y el amor es vida, verdad....Y el viaje a Mérida y la Azulita, y los muchachos y su poesía...y nuestras salidas con Juancarlos a media noche, cervezas y SabanaGrande y Facundo Cabral. El viaje a Choroni y tus ganas de quedar embarazada cada luna nueva. Y mi mamá culpándote de todas mis locuras. Y Puerto Cabello y la locura de Raquel y Máximo y nosotros como esperando a Godot, en medio de ese teatro del absurdo. Creciendo, creo yo, sé que tu no. Y el primer viaje a Cuba al que fueron todos menos yo aunque fuera mi idea, y aunque me llevaras escondida en el morral. Y los conciertos del poliedro donde siempre había un encuentro porque todo era magia.
Mi operación de apendicitis y yo en mi cuarto de hospital sólo gritaba
„traigánme a la Marce!“, y ahí estuviste. Y el viaje a Morrocoy que hiciste sólo por amor a mí, porque los publicistas no te iban...y yo, y yo.
Y el otro viaje a Cuba y tu ataque de luna...una vez más...
Marce y el día en que te ví como una flor que se moría de ganas de mundo y aunque me doliera el alma te deje partir. Nuestro el rencuentro en Londres tu con gato enamorado, y las visitas a mi hogar de Cardiff... y el mar. Y ese año nuevo en Londres con Massimo de regalo. Hoy tengo frío, como en Londres, sabes. Y la última vez por aquí, tu casada con un gato italiano y cocinero y yo haciendo maletas con mi guerrero alemán...y siempre un
„pronto nos veremos“. Nunca han habido despedidas, no las puede haber. No sabemos que son, verdad amiga. Y la última vez Caracas, de nuevo y como siempre y yo con mi esperanza...no han pasado los años...es que el tiempo no existe, ya lo sabíamos nosotros, eh... Marcela, deseo por encima de todo reencortrarte siempre queriéndote. Qué cantidad de paja puede hablar uno, viste. Hay tantas cosas para decirte. Me haría un bien infinito que nos encontraramos en el espacio, pasar la tarde hablando, diciendo palabras hasta cansarnos y despedirnos con la sensación de que algo cambió y que estoy injustificadamente mejor después de ese abrazo en Bellas Artes. Anda Gata, no me dejes con estas ganas, así.
Toma mis besos, mis abrazos, mi cariño Candil de nieve.