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18.8.08

Respuesta


"No me acuerdo de vos,
tengo muy mala memoria
Quién eras?
¿El mariniero del Toronto Star?,
¿el del Habana Marú?,
¿el astronauta enamorado de Benedetti?
No me acuerdo..."

De lado oscuro del corazón,
Eliseo Subiela

23.11.07

cuando el niño era niño


Después de 9 años de vivir en Alemania y de haber su aprendido el idioma a punta de ensayo y error, de golpe y porrazo, me enfrenté a la necesidad de encararme con esta lengua que poco a poco me ha ido ganando las ternuras.

El encuentro duró seis meses de clases de cuatro horas diarias, cinco días a la semana. Poco a poco se fueron depurando las impurezas de lo aprendido sin reglas a punta de oido y de buenos amigos. Así me atreví a admitir lo que ya sabía... que me encanta este idioma, sus juegos e inocencias; sus reveces complicados y la sencillez de su esencia.
Hace unos días y como colofón de este tiempo que presiente cambios, me tocó presentar la prueba de Certificado Alemán. Fueron seis largas horas de examén, la prueba más larga que me ha tocado hacer hasta ahora. Salí contenta y senti que el verbo "ankommen" describía lo que sentía. Ankommen significa entre otras cosas "arribar"

Creo en los signos y en las señales. Esa misma noche pasaron en la tele una película que para mi es Alemania desde que la vi por primera vez y ni sospechaba que el destino y el amor me traerían a hacer vida en estas tierras. "El cielo sobre Berlin/ Alas del deseo" es una película densa ya se ha dicho, sobre todo porque Wenders utiliza el idioma como uno de los principales elementos de la trama... los ángeles escuchan los pensamientos de la gente y en ese divagar se pierden en una laberinto de almas y de deseos ... enamorado un ángel "arriba" a la tierra... deja de ser niño y lo sigue siendo...

Una vez más y por sobradas razones me conmovió este texto muy adentro: Ich bin angekommen. Finalmente he arribado a Alemania.

Cuando el niño era niño
caminaba balanceado los brazos,
quería que el arrollo fuera río
y ese charco el mar

Cuando el niño era niño

no sabía que era niño

todo tenía anima
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño

no tenía idea de nada,

no teniía costrumbres
se sentaba de piernas cruzadas ,
corría constantemente,
tenía un remolino en el pelo

y no hacia caras cuando los fotografiaban.

Cuando el niño era niño

era el tiempo de las siguientes preguntas:

Por qué soy yo y porque no soy tú?

Por que estoy aquí y por qué no ahí?
Cuando comenzó el tiempo y cuando termina el espacio?

No es la vida bajo el sol un sueño?

Lo que veo y escucho y huelo

no es una ilusión de un mundo antes de otro?

Existe el mal y gente que de verdad es mala?

Cómo puede ser, que sea el que soy,
antes de ser, no fui,

una vez yo, el que soy,

no seré más el que seré?
...

Peter Hadke

texto completo en Inglés y en Alemán





15.8.07

mi amiga Amélie


Pensando en todas las Amélie que conozco:
Ira, Adriana, Betta, Marce, Katy, mis Yuntas...


Del cine me gusta su promesa, la maravilla que nace del encuentro, me gusta porque me hace sentir que destapo una caja de sueños, que abro una puerta a infinitas vidas y vivencias.
Me gusta sobre todo cuando salgo del cine contenta, esperanzada de nuevos días y mejores mundos. Eso fue para mi “El Maravilloso Mundo de Amélie“ y eso sigue siendo. Tal vez porque en ella como en el reflejo de un estanque me veo y veo reflejadas a algunas de mis yuntas. Tal vez porque hay días en que de verdad me siento de 23, me encuentro con Améli para salir a pasear por el París en que yo también viví. Y aunque es cierto que el cine es una gran ilusion, es una ilusion a la que voy con ojos abiertos e inocente gesto.

Amélie no es completamente de este mundo, eso no importa realmente porque ella tiene su propio y colorido mundo. Amélie ama las pequeñas cosas, los tonos suaves y los gestos delicados. Tiene ojos para los detalles que delatan el color del alma de los demás y una mirada para los momentos mágicos que a menudo duran nada más que un parpadeo.

Amélie tiene la cabeza en las nubes, real y literalmente hablando. Sin embargo los pies de verdad pisan la tierra...quizá sea por las piedritas que colecciona y que terminan en el lecho del río, quizá sea su trabajo el que la mantiene atada a la realidad irreal. Quizá sea Montmartre, donde se conforma un pequeño universo de artistas, genios, hipocondiacos, amantes de la ciudad y melancólicos paseantes. Porque aunque Paris tiene muchas caras, como las tienen todas las ciudades del mundo, esa que muestra en Améli es tan verdadera como cualquier otra. Amélie Poulain... Amélie de Montmartre...

Cada vez que la veo, Amélie me dibuja una sonrisa en el rosto que tarda mucho tiempo y esfuerzo en desvanecerse. Me deja la sensación del válido sueño y de la vida como lo que es: una tela de distintos entramados todos listos para contar historias en donde la capacidad de asombro, la fe, el poder del querer son los bálsamos que sanan cualquier herida.

Esos detalles que valen más que todo lo comprable, porque nos hacen sentir que si nos atrevernos a soñar, rendimos un tributo a la vida, al amor, aportando algo bueno a este mundo.

Al nacer, Amélie emocionada por el encuentro con su padre aceleró su corazón y se le recetó calma y cordura de por vida, sueños al por mayor y amigos invisibles. Una caja de juguete le devolvió un día las ganas de ser niña y de volver a vivir una infacia como el sinónimo de la libertad de actuar con inocencia y con ello hacer felicies a los demás enviando tal vez un gnomo de jardin de tour por el mundo y recortando papelitos por ahí... para así realizar el hechizo de convertir adultos en niños... Y un día, como cada loco con su tema y como no hay dos sin tres, una se encuentra siempre con su par que quizá colecciona fotos rotas o de repente mira el cielo, de la misma manera que una, para contar nubes o estrellas. Sin mucho invento es verdad, la fábula de nuestros días con las soledades de siempre, con la esperanza de siempre. Todo es un mundo complejo pero simple, todo es un sueño que podemos soñar dormidos o despiertos.

Amélie... es lo positivo y lo mágico que todos llevamos dentro, es la fantasía y la bondad ingenua pero convincente; es la invitación a un cuento increíblemente poderoso. Amélie es una película poética y como en la poesía, la verdadera historia transcurre en el corazón de los personajes más que en sus actos, en el poder de su imaginación más que en las limitaciones que marca lo real.

Amélie me ha mostrado un pez de colores que se desliza hacia las alcantarillas municipales; yo a través de ella me reconcilio con la ilusión y la fe, logro posibles los imposibles, me pongo alas y puedo de nuevo volar.

En un mundo donde los noticieros sólo cuentan malas nuevas y la muerte ocupa la atención de los vivos, Amélie es una poción mágica; remedio y cura de las tristezas. Es el intento de reflejar eso que somos, nuestra necesidad de confiar en la gente y en un mañana posible.

30.7.07

Ingmar Berman






Hoy te fuiste a soñar otros sueños.
Tu linterna mágica siempre nos iluminará

26.2.07

La vida de los otros


(2006, Das Leben der Anderen)

Mi amigo Dirk nació y vivió hasta meses antes de la caída del Muro de Berlin, en la antigua República Democrática Alemana, (DDR). En noches de largas conversaciones nos ha contado como era la vida al otro lado de aquél muro que dividió familias enteras por muchos años.
A través de sus palabras, todos estos años, he podido hacerme una idea de como era la vida en el frío y opresivo mundo comunista de la Alemania del Este.
Esta mañana mientras desayunaba me enteré de que la „La vida de los Otros“ ganó anoche el Oscar a la mejor Película Extranjera. Para su director, Florian Henckel-Donnersmarck, es su opera prima, un debut por todo lo alto y una gran responsabilidad. Ya he dicho que no creo en ese premio, sin embargo de todos los galardones que entrega siempre me interesa el que rinde honores al cine hecho fuera de las fronteras de Hollywood.
La vida de los Otros, merece con creces el reconocimiento obtenido. El cine Alemán de los últimos años merece recibir un Bravo! por ese verse adentro, por esa búsqueda que intenta encarar a los mostruos del pasado: El Comunismo y el Nazismo con sus secuelas psicológicas, ideológicas y morales. Sus realizadores no buscan excusas para el olvido, sino por el contrario le gritan al público un „Nunca más“ que sale del alma con tanta valentía, que a mi, una no alemana, me hace sentir orgullosa de ellos.
La película nos invita a hacer un viaje a un tiempo no muy lejano del que todavía se sienten las huellas y se ven las cicatrices dejadas por un régimen totalitario y controlador. En un mundo gris y frío al mejor estilo Orwell, a un oficial de la Oficina Estadal de Inteligencia Stassi, especialista en el espionaje de vidas ajenas, le es encargada una tarea más: espiar a una pareja de artistas. Una historia simple que vivían todos los que habitaban el lado Este del muro. Por eso es tan fuerte esta película; por eso mi amigo Dirk aún no ha querido verla, porque sólo la referencia a esa su historia personal, le duele todavía como en carne viva.
En la película asumimos más claramente nuestro papel de observadores sentados en una butaca, por momentos somos el espia que vive la vida de los otros como propia. Urlich Mühe es uno de mis actores alemanes favoritos y su actuación es impecable. Retrata a un competente oficial del sistema que solitario y vacio de vida propia que se alimenta de la de los otros. Junto a él espiamos también nuestro interior, mientras somos testigos de la vida de los que como él, pueden redimir o ejecutar. Somos testigos de la complejidad de la naturaleza humana, sus valores más puros, el amor, la amistad la integridad y su otro lado la obediencia ciega a un régimen, el poder, el terror psicológico.
Me gustan las películas como ésta con atmósfera, esa puerta de entrada a otros universos. Con un tiempo narrativo extraordinario la película recrea con gran intesidad un drama silencios que denuncia a una sociedad y una época de desazón y represión. La fotografía detallista y la música hipnótica completan un cuadro emotivo y conciso.
La autocrítica y revisionismo contradictorio y valiente del cine Alemán hace ajuste de cuentas con su pasado reciente; ya no desde el punto de vista de los sometidos y culpables, sino desde el ser que se atreve a aprender de los errores.

8.2.07

La casa de la calle Kasino



Como todo es un enredo en esta red por donde andamos y Clarise Baricco hablaba de cine y yo comenté sobre los fantasmas en una casa vieja, luego Umma pensó como yo en ellos, y Musa rella quizó saber más, he aquí pues algo de la historia de la casa de la calle Kasino.

Es una casa inmensa, antes de ser el único cine del pueblo fue la „Casa Alemana“ (cada pueblo tenía una, eran lugares de encuentro de los pobladores y ahí siempre se entereban de todo lo que sucedía en él).
Buscabamos casa para un sueño. Teníamos el proyecto de montar un taller comunitario de cerámica, eramos seis estudiantes recien graduados. Alguien dijo “en la calle Kasino hay un cine abandonado“...Hacía tanto tiempo, ninguno tenía idea que en este pueblo hubiera habido jamás un cine...“la casa está en venta dijo uno...quizá también la alquilan“.

Hicimos la cita para recorrer la casa vacia, de gruesas paredes blancas, sótanos de techo abovedado, escaleras de madera e inmensas ventanas...fue como entrar en otra dimensión, mientras los otros no hacían sino hablar de planes posibles para el taller; mis ojos recorrían maravillados el espacio en donde apenas quedaban indicios del glorioso añejo tiempo de los días de cine:
En una habitación encontramos la ventana de la taquilla con precios en marcos alemanes, distinguiendo las mátines de las vespertinas; los techos estaban todavía acolchados adornando paredes forradas con terciopelo rojo; más allá, arrumado un viejo e inservible proyector de películas y un par de tambaleantes butacas de madera.
La casa nos embrujó...como en el cine, nosotros teníamos una gran ilusión y esa casa nos vendía la posibilidad de realizar el sueño...el trato se cerró y ya pronto habría que preparar la mudanza...no mudaríamos todos a la casa, tan inmensa como era había espacio para vivir y para trabajar.

A mi la casa me toco fibras muy sensibles, la de la memoria, la del cine, y otra más, la que sabe de los significados de las cosas.

Tratamos siempre de respetar el espacio y con él a sus fantasmas. Aún a sabiendas que había sido un espacio feliz, me costaba adentrarme en la sala de cine que ahora era taller, y cuando lo hacía me imaginaba la gente en su entrar emocionado a la sala casi en penunbras. Pensaba en las lágrimas derramadas por el amor plátonico a éste o aquél actor; en el silencio consternado al ver la propaganda de guerra del noticiero. Casi veía a esos fantasmas recurrentes, casi escuchaba sus voces de admiración y maravilla. Imaginaba cuantos amores lograron serlo en la oscuridad, cuánto refugio significó sentarse en una butaca a llenarse los ojos de luz.

Convertimos la casa en nuestro estudio, pero respetamos los restos del pasado cinéfilo. Algunas noches me paseaba por sus pasillos tratando de escuchar las voces de los fantasmas que venían a llenarse los ojos de celuloide. Me hice asidua de los sótanos de la casa, ahí como buscando lo que ya no estaba, hice mil fotos de las parededes y sus marcas, como buscando un intersticio a esa historia que yo no conocía. Con el tiempo fui preguntando a los que eran de aquí y venían a nuestras exposiciones... y así escuché las historia de los que por primera vez se tomaron las manos en la penumbra, los que salieron bailando despues de ver „Singing in the rain“; los que se asustaron de ver Metrópolis como el mañana terrible que se les venía encima; los que de niños se maravillaron con el Viaje a la Luna de Georges Méliès, se aterrorizaron con el Nosferatu de Murnau o los que idolatraron a Marlene Dietrich y a su Àngel Azul.

Finalmente el espíritu de la casa revivió el día que decidimos crear un pequeño cinema en donde ver en gran pantalla las películas que no pasan en cartelera comercial. Así de vez en cuando y de tiempo en tiempo, en medio del taller que fue sala, los artistas y artesanos de mi pueblo nos juntabamos para pasar dos horas de frío, sentados en bancos de iglesia mirando y admirando alguna maravilla del septimo arte.
Cuando se apagaban las luces y comenzaba a rodar la película yo sentía entrar a los otros, los habitantes de la casa, los que se quedaron en ella para siempre, gracias a la gran ilusión del viejo cine del pueblo.

29.1.07

El entramado de la existencia

"El que quiera entender debe escuchar primero."
Babel

Se mezclan las lenguas, la música suena y un hilo invisible toca y cambia la vida de los hombres. Los hombres están dispersos por el mundo pero indudablemente unidos por el destino y la soledad.

Al principio hablabamos el mismo idioma, pero un día algo sucedió...
Babel la confusión de las lenguas...seremos incapaces de comunicarnos mientras no nos abramos ante nuestros propios sentimientos.

Armados con un rifle dos niños marroquíes juegan. Sucede lo previsible, una mujer sale herida... y nosotros como la cámara y desde el cielo lo vemos todo, somos un Dios que todo lo ve, y en México, Japón y Marruecos, los hombres somos apenas un grano de arena ante la fuerza del destino...ese que nosotros mismos forzamos.

Un instante, un error que toca la vida de la gente en tres partes del mundo. Cuántos hilos se cruzan a diario sin que lo imaginemos...siempre es igual, el aleteo de la mariposa y todo tiene una lógica mínima y punzante.

Babel es confusión y caos...como al principio. La conexión intrínceca entre los individuos, un gesto, un regalo que desencadena una historia que irremediablemente le cambiará la vida a sus personajes.

Una pareja de turistas norteamericanos en medio de un accidente en una tierra extraña, sin las comodidades a las que están acostumbrados...el mundo de lo seguro. Donde ahora están no hay control.
Una adolescente japonesa perdida en el mundo de la nada tecnológica y el silencio en el que vive. Una niñera mexicana e indocumentada que cruza la frontera con dos niños norteamericanos para ir a la boda de su hijo. Las historias se juntan y se componen con palabras de otras. Ninguno de ellos sabrá más allá de lo necesario. No se puede, pues en medio de la confusión faltan palabras. La medeja crece. Y mientras, somos nosotros lo únicos testigos de un mundo lleno de impresiones fulgurantes: el trato violento y racista de la policia de fronteras en USA, la necesidad de una joven en Japón de borrar sus cicatrices, un grupo de turistas que abandona a otro necesitado ser humano y el mismo grupo que observa el mundo desde una ventana porque eso es turismo de lujo y de aire acondicionado; la inocencia de niños sin esperanza, el verdadero mundo en donde la mayoría convive con la muerte porque la vida vale muy poco y una vieja que más allá del entendimiento de la palabra puede conectarse con el sufrimiento ajeno, un milagro casi imperceptible...al final, de esa conexión infima, tejido con hilos de acero, el aislamiento por la incapacidad de comunicarnos con el prójimo.

Somos vulnerables aunque creamos lo contrario, estamos conectados aunque el día a día no nos los deje percibir.

La película tiene un par de errores de producción fáciles de conseguir y deja más de un cabo suelto, pero más allá, la fuerza de sus imagenes nos deja removidos en nuestra esencia y hasta los más superficiales salen pensando sobre esa oculta trama que nos une y nos resume.

No creo en los Oscars ni en las nominanciones de ningún premio gringo, creo en lo que a la salida del cine me llevo de una película...y de esta me he llevado un silencio conmovido y la repetición de la conciencia de nuestra vulnerabilidad ante acontecimientos aparentemente inocentes.

19.12.06

Solsticio de Invierno



Son esos niños que cantan los que abren la puerta del trastero. Es un coro de ángeles sin futuro el que mueve las raíces de los árboles. Tengo frío metido en los huesos, pero esas voces curan dolores de alma. Son esos niños los que registran lo que guardo sin saberlo. Dan vueltas a mi alrededor cantando una canción que me pone alas. Su abrazo huele a canela y a naranja...Deben ser estos días, quizá el solsticio de invierno, que despierta oscurnas y remueve tormentos para que entre un rayito ahí donde nadie lo espera.
Y esos niños que cantan, que cantan, que cantan.

17.12.06

el diario iluminado


FANNY Y ALEXANDER Ingmar Bergman (1982)

Después de muchos años, la ví de nuevo.
Me acerco a las cosas, al cine por lo que me hacen sentir, por eso escribo, por eso tuve una columna de cine y por eso escribiré siempre.
Esta nota inicia un aparte, que denominaré: la linterna mágica. Hablará sobre las películas que hace mucho tiempo ví y de repente vuelvo a encontar, sobre la que fui y la que soy en relación a ellas.
No voy a hablar del genio Bergman ni de lo que ya se sabe, ni de la película de cinco horas se convirtió en tres, ni de los premios que ganó. Nada de eso, esa información se encuentra en cualquier página si uno la busca bien.

Bergman me da la oportunidad de comenzar este aparte con su obra de mirada infantil terriblemente cercana. (por mi concepto de trabajo en arte), con ese recuerdo de infancia y la confrontacion entre el mundo que se ilumina ante el oscurantismo, pero sobre todo con la magia, la ilusión y la imaginación. Con él me asomo a una ventana que no conoce limites entre los sueños y la realidad.

Hablo entonces de los ojos de Alexander, de ese Bergman niño y de su mundo. Sí, hablo de un niño que a principios del siglo veinte, juega con su teatro de marionetas y nos muestra los roles que aprendemos a representar a lo largo de la vida, proyectando miedos y verdades en objetos inanimados, que su mano revive para contar una historia.

Alexander con su linterna mágica ve las cosas de una forma diferente y su cabeza se llena de preguntas que quizá nunca tendrán respuesta. Ese personaje me toca adentro, porque es el director y somos los que de una u otra forma vemos el mundo como la tierra carente de límites entre la fantasía y la realidad.

Con suavidad y poesía, el tiempo vuela en esos ambientes interiores de claroscuros y colores pálidos. Las metáforas con las que las estaciones también relatan una historia, la luz y esas imagenes que dirán en segundos lo que nos acompañarará por siempre - un coche tumbado en la escalera que da al jardín, y en él una muñeca de brazos abiertos que mientras se ahoga mira al cielo.
El mundo infantil, la soledad y el desamparo, el encuentro con la muerte, el temor de Dios; Bergman nos cuenta de sí y del niño que fue a través de Alexander. La infancia, el momento en donde se gesta lo que hoy somos.

Hay también en la película espacios maravillosos como la fantástica tienda de antigüedades, un sitio más de cuentos que de realidades, en el que el niño se mueve sin preguntarse si lo que ve es o parece. (pienso en elisabetta) Y si uno mira bien, en cada rincón hay un recuerdo; una madeja de historias por contar; la memoria de uno y de muchos; el silencio y la imposibilidad del ser humano por llegar a Dios; ya que éste puede ser cualquier cosa. En fin un bellísimo diario imaginado en el que el hombre no tiene por qué poder entenderlo todo, pues la vida es una constante interpretación de diversos papeles, lo importante es vivirlos plenamente, sin evadirse jamás de ellos, pero con la inocencia de los niños.

Y aunque al ser humano le sea imposible aclarar ciertas dudas en su intento por conocer a Dios, y como Alexander tenga que vivir siempre con los fantasmas de su mente y con el miedo a que se enturbie la precaria felicidad del dia a día; siempre habrá la posibilidad de escape que brinda la imaginación. Eso sí, muy de Bergman, a sabiendas que por mucho que lo intente y aunque la confianza en el amor sea grande, el hombre no podrá jamás desprenderse de sus temores más profundos.
Esta descripción del lado iluminado de la vida, es la otra opción que propone Bergman de olvidar, a duras penas, la cruel imposibilidad del hombre por entender su propia existencia.