
La tierra recién llovida exhala
húmeda y caliente el efluvio del recuerdo más profundo.
La menta y la yerbabuena perfuman la estancia,
el cuarto en donde guardo mis recuerdos.
Huele a guardado,
a añejo,
a propio,
a vela que muere de llama.
Hoy huele a café recién colado;
y al aroma del abrazo de mi madre,
Olor de pan recién honeado
y de frutas que se maduran al sol del trópico.
Se repite en el aire el perfume de rosas y jazmines
de casa de abuela en día de sol.
La fragancia del mar invade mis pulmones
y ese viento profundo agita memorias bien guardadas.
Debo estar regresando.