4.8.06

Llorona


Estaba yo pensando en el tiempo, en los años que pasan. Vivo en un país de viejos. Hoy viendo un homenaje en la tele, he llorado mucho al ver viejos que un día hicieron algo y hoy son vistos como piezas de museo.
Será porque me compré un hermoso candelabro de plata en el mercado de pulgas y nadie lo quería porque es de los sesenta y será porque resulta que esa es la década de mi nacimiento y entonces pienso que pronto harán cuatro decadas de tal evento? Y me pregunto qué son cuarenta años... y qué es la vida, si se nos va sin conciencia cierta y luego vienen las preguntas: que „què hemos hecho durante ese tiempo y que si todo estuvo bien, después las quejas, los reclamos interiores „que si hubieramos hecho otra cosa que no hicimos, que si nos hubiesemos quedado en casa, que si nada hubiera cambiando. Cómo si nada cambiara. Todo cambia deseándolo o no, todo cambia.
La vida continua sin esperar a que nosotros nos decidamos por ella o no. Todo cambia todo pasa: el dolor del primer amor, la caida del primer diente, la primera muerte cercana, la primera barriga, el primer día de escuela. Todo pasa y dura tan poco que pasa a hacerse normal, común, cotidiano, verdadero (como si fuera verdad todo lo que nos pasa!)
Y así es mejor no pensar que ya las tías de mi memoria se parecen a mi abuela, que casi no me acuerdo de como era Esperanza de bebé y que qué rabía que no anoté todo, todito, todo....para que las horas no se me escaparan y con ellas los instantes de vida. Y así es mejor no pensar en ello para que nos duela.
Lo he visto hoy en una caja mágica llamada televisión. Le celebraban los 80 años a un presentador que hizo las delicias de todos en los cincuenta, sententa, ochenta. Entonces vi pasar su vida como la vió Scruch de una vez. Y a mí, que ando con el agua desbordarse, no me quedo más remedio (porque es el único remedio!) que llorar, llorar por él , y haciéndolo por él, lloré por mí, por ti que me lees, por lo que no vemos que se nos esta yendo, por lo minutos perdidos, por las peleas sin sentido, por los años trascurridos, por los abrazos no dados, por las palabras no dichas. Lloré por mí, no por el que quizá no tiene conciencia de todo esto, lloré por mí, por mis ojos abiertos, por esa sapiencia y porque no puedo parar el tiempo y mucho menos devolverlo. Por eso, por las incipientes canas que comienzan a anidarse en mi pelo, (quizá me pueda pintar el pelo para parar el tiempo, pero qué hago con las patas de gallina?) por el tiempo que quizá ya he perdido o por el que estoy perdiendo sin darme cuenta, lloré por lo imposible, por lo inocente , lloré por que siempre lloro cuando me tocan esa tecla, lloré y mañana tendré los ojos hinchados y habré llorado para llenar un lago. Y sin embargo no estaré vacia de tanto que no sé explicar, y qué carajos de tanto que no sé por qué me toca cargar, o se le llama conciencia y a veces sería mejor no tenerla . Asi de simple. Al final y como siempre, brindo por ella.

1 comentario:

Inos dijo...

Lágrimas que escapan por lo indecible, lo que calla en el aire, lo que se esconde en el tiempo.

Lágrimas robadas por un aleteo de brisa, un perfume añejo, una melodía que alguien va silbando.

Lágrimas del por qué, del dónde está, del hasta cuándo.

Lágrimas que se despeñan, desde las alegrías y los quebrantos.

Lágrimas que son sal de la tierra, a la que regresan volando.