Este texto fue escrito hace doce lunas, hoy sigue vigente. Sobretodo en este tiempo en que me faltan minutos y sosiego para ir a visitarlos en sus casas. Pienso en ustedes, y les pido perdonen tanta ausencia.Vivo en una calle que cada día muestra nuevas caras; gente que se muda a mi cuadra y me regala maravillas y presencias. Esa gente que siento y que presiento. La gente de mi cuadra, esa que visita mi casa y deja flores o comparte quejas del alma; la misma me deja los abrazos colgados en el perchero o siembra girasoles en días de lluvia, se toma un té o un café conmigo mientras nos miramos dentro a través del espejo de las palabras.
Cuando hace un año me mudé a la calle del blog y abrí la ventana de mi casa a presencias sin rostro, no me imaginé que a mi lista de amigos de acá o de allá, se añadiría una más, la de esos que quizá no conoceré nunca, pero con los que he construido un puente de comunicación más allá de la mano que se estrecha o del roce cotidiano.
Con el tiempo he aprendido a reconocerlos por sus nombres y sus sombras, puedo sentir sus estados de ánimo y leer sus gestos. No les conozco más cara que la que muestran, pero pasa con todos los amigos, los reales y los virtuales, y a todos nos une el lazo de compartir gustos o pareceres, como también el pensar diferente. Ha sido importante el querer compartir lo que se sabe o se siente, o lo que de repente nos encandila la vista.
Como creo tanto en la palabra, creo también que se puede reconocer la gente por los signos de sus textos como se reconoce el caminar de un amigo.
Al principio cuando me mudé a la calle de blog, me dije: "lo hago porque necesito escribir más, tener una estructura, expresarme en castellano, no lo hago para conocer gente..." pero pasó el tiempo y he conocido y reconocido a muchos y pese a mi reticencia, algunos se me han vuelto imprescindibles, gente a la que con gusto visito. Otros han venido y se han ido como sucede de verdad en la vida real con los amigos y eso también está bien. Así mismo he tenido la suerte de tener de vecinos a algunos de mis queridos de siempre y le eso ha sumado un no sé qué muy lindo a la relación que desde hace años construimos.
Siento que aunque todos estemos en constante cambio, la esencia permanece y las máscaras no son tan fuertes como para no dejarnos ver más allá de ellas el verdadero rostro y el color de alma virtual. Pese a todos lo peros que tenga también ser parte del mundo intangible, decido creer en los que "veo" a través del sonido que dejan sus palabras cuando transitan la calle y se quitan el sombrero para desear los buenos días.
Con esto quiero darles las gracias por tanto contacto y presencia, por tanto reflejo, gente de mi cuadra!



































