26.4.14

La rara arena

la rara arena - Hanni Ossott, Mayo 1988

En el fondo
           en los bordes de mí
casi al ras
este pedazo
      de lo que ya no sé

Mi pregunta
         la noche oscura
y luego la danza
            para olvidar

La danza loca
             la danza
y ruegos, rezos
                      sacralidades
santos, sibilas, demonios
ritos, miedos

Dios, ¿Dónde me coloco?
El descanso
              Dios.
La rara arena



Nunca he creído en la excusa del „yo no sé“. Siempre me ha parecido la gran pared que evita la verdadera introspección. Al levantarla evitamos que nos pregunten y el preguntarnos las razones profundas de un determinado comportamiento.

Esa „rara arena“ de la que habla Hanni Ossot en su poema es la clave de todos nuestros problemas. El miedo a la oscuridad que forma parte de cada uno de nosotros, nos impide entender que el encendedor de la luz está justo ahí donde un gesto de nuestra mano alcanzaría la iluminación. Pero no, es más cómodo permanecer en la oscuridad, aunque haga frío y no podamos ver más allá de los que nuestros ojos pobremente lo permiten.

Es más fácil evadir para olvidar o culpar al mundo de nuestros errores, caídas o problemas. Duele menos. La tendencia es preguntarnos siempre „qué hemos hecho para merecer que sutano o mengano nos hagan tal o cual cosa“. La verdadera pregunta debería terminar antes de nombrar al prójimo. Es mejor preguntarse cuales fueron las causas que propiciaron en nosotros cierto comportamiento ...y que a su vez hicieron que el otro (ese a quien culpamos de nuestros males) en consecuencia reaccionara de de tal o cual forma. Se nos olvida que la verdadera respuesta lacera y está siempre en nosotros.

Pero nos mentimos fácilmente, sin darnos cuenta que el mundo ve cómo nos engañamos a nosotros mismos: Los que afuera observan y ven todo claro tienen la opción de escoger, o cierran los ojos - para poder seguir llamándose amigos - , los otros los abren y en nombre de esa amistad reaccionan.

Cosas como estas son siempre una gran prueba para saber qué tan sólido y bien sustentado es el puente de la amistad, ese que nunca se puede sostener de un sólo lado. Mirarse las propias costuras requiere mucho valor y honestidad. Nadie dice que es fácil.                        

El reflejo del espejo asusta, enfrentarlo es arte de valientes. Sin embargo, la vida es bella y muy corta para seguir perdiéndonos de su luz. Es hora de comenzar la lucha honesta conta los monstruos que nos viven dentro.

Esto lo escribo pensando en alguien a quien quiero mucho, alguien que ya no alcanzo y a quien deseo de corazón que algún día sea capaz de salir de la „rara arena“.


la pintura es de Malgorzata Lazarek

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