Ella tiene tres hijos y la vida llena de corre corres.Él vive al otro lado del país, tiene una familia y es infeliz.
Él es artesano, ella también.
Cada año se encuentran en tres o cuatro mecados de cerámica, y cuando esas citas se cumplen todo brilla, no hay tristezas, sobran las palabras y el tiempo se hace infinito.
Ambos se miran profundo en el mar de sus verdes ojos, se tocan el pelo crespo para guardar el gesto y se marchan en direcciones opuestas, hacia sus vidas de familia y de carencia.
Saben que viven la vida de una bomba de tiempo...
Sin embargo, con una sonrisa agradecida y una esperanza se despiden diciendo: “quizá en 15 años cuando los niños ya estén grandes“.
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