
Pensando en todas las Amélie que conozco:
Ira, Adriana, Betta, Marce, Katy, mis Yuntas...
Ira, Adriana, Betta, Marce, Katy, mis Yuntas...
Del cine me gusta su promesa, la maravilla que nace del encuentro, me gusta porque me hace sentir que destapo una caja de sueños, que abro una puerta a infinitas vidas y vivencias.
Me gusta sobre todo cuando salgo del cine contenta, esperanzada de nuevos días y mejores mundos. Eso fue para mi “El Maravilloso Mundo de Amélie“ y eso sigue siendo. Tal vez porque en ella como en el reflejo de un estanque me veo y veo reflejadas a algunas de mis yuntas. Tal vez porque hay días en que de verdad me siento de 23, me encuentro con Améli para salir a pasear por el París en que yo también viví. Y aunque es cierto que el cine es una gran ilusion, es una ilusion a la que voy con ojos abiertos e inocente gesto.
Amélie no es completamente de este mundo, eso no importa realmente porque ella tiene su propio y colorido mundo. Amélie ama las pequeñas cosas, los tonos suaves y los gestos delicados. Tiene ojos para los detalles que delatan el color del alma de los demás y una mirada para los momentos mágicos que a menudo duran nada más que un parpadeo.
Amélie tiene la cabeza en las nubes, real y literalmente hablando. Sin embargo los pies de verdad pisan la tierra...quizá sea por las piedritas que colecciona y que terminan en el lecho del río, quizá sea su trabajo el que la mantiene atada a la realidad irreal. Quizá sea Montmartre, donde se conforma un pequeño universo de artistas, genios, hipocondiacos, amantes de la ciudad y melancólicos paseantes. Porque aunque Paris tiene muchas caras, como las tienen todas las ciudades del mundo, esa que muestra en Améli es tan verdadera como cualquier otra. Amélie Poulain... Amélie de Montmartre...
Cada vez que la veo, Amélie me dibuja una sonrisa en el rosto que tarda mucho tiempo y esfuerzo en desvanecerse. Me deja la sensación del válido sueño y de la vida como lo que es: una tela de distintos entramados todos listos para contar historias en donde la capacidad de asombro, la fe, el poder del querer son los bálsamos que sanan cualquier herida.
Esos detalles que valen más que todo lo comprable, porque nos hacen sentir que si nos atrevernos a soñar, rendimos un tributo a la vida, al amor, aportando algo bueno a este mundo.
Al nacer, Amélie emocionada por el encuentro con su padre aceleró su corazón y se le recetó calma y cordura de por vida, sueños al por mayor y amigos invisibles. Una caja de juguete le devolvió un día las ganas de ser niña y de volver a vivir una infacia como el sinónimo de la libertad de actuar con inocencia y con ello hacer felicies a los demás enviando tal vez un gnomo de jardin de tour por el mundo y recortando papelitos por ahí... para así realizar el hechizo de convertir adultos en niños... Y un día, como cada loco con su tema y como no hay dos sin tres, una se encuentra siempre con su par que quizá colecciona fotos rotas o de repente mira el cielo, de la misma manera que una, para contar nubes o estrellas. Sin mucho invento es verdad, la fábula de nuestros días con las soledades de siempre, con la esperanza de siempre. Todo es un mundo complejo pero simple, todo es un sueño que podemos soñar dormidos o despiertos.
Amélie... es lo positivo y lo mágico que todos llevamos dentro, es la fantasía y la bondad ingenua pero convincente; es la invitación a un cuento increíblemente poderoso. Amélie es una película poética y como en la poesía, la verdadera historia transcurre en el corazón de los personajes más que en sus actos, en el poder de su imaginación más que en las limitaciones que marca lo real.
Amélie me ha mostrado un pez de colores que se desliza hacia las alcantarillas municipales; yo a través de ella me reconcilio con la ilusión y la fe, logro posibles los imposibles, me pongo alas y puedo de nuevo volar.
En un mundo donde los noticieros sólo cuentan malas nuevas y la muerte ocupa la atención de los vivos, Amélie es una poción mágica; remedio y cura de las tristezas. Es el intento de reflejar eso que somos, nuestra necesidad de confiar en la gente y en un mañana posible.


































