En Venezuela empezó la cuenta regresiva de los que pueden ser los últimos días de operaciones en señal abierta de Radio Caracas Televisión (RCTV), la televisora privada más antigua del país.En un acto convocado en defensa de la libertad de expresión cientos de periodistas se concentraron en Caracas para desplegar "la pancarta más grande de América Latina" y marchar con ella.
La medianoche del domingo 27 de mayo RCTV deberá salir del canal 2 por el que ha transmitido durante 53 años. Ya son muchos de periodistas que sufren de persecución política por expresar su opinión, ya son miles los trabajadores de las empresas públicas que son obligados a inscribirse en el nuevo partido socialista único venezolano PSUV.
El gobierno de Hugo Chávez Frías sabe bien que la comunicación es el cuarto poder y pretende apoderarse de él. Soy periodista, se del valor de la palabra, en estas mis vacaciones en casa he sido testigo del discurso de odio en el que se basa el tiranuelo Chávez, el mismo que la necesidad de cambio del venezolano eligió después de cuarenta años de corruptelas políticas . No quiero pensar que como pueblo nos merezcamos lo que tenemos. Creo en la esperanza y una vez má
s Cortázar me acompaña con su grito:Cuento sin moraleja
Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias.
Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café. -Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mando el tiranuelo a su interprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.
El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.
Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.
Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.
Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.
Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.
Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias.
Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café. -Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mando el tiranuelo a su interprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.
El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.
Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.
Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.
Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.
Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.
16 comentarios:
Y a eso vamos tambien aqui? la TV abierta vende gritos -demasiados- descontrol y sexo por sobre todo, los medios serios cierran, y los que queremos algo para recordar, atesorar, interesante, quedamos huerfanos de no ser por un cable y la Internet.
Y Argentina alineada con Venezuela y su politica que no se desde aqui si sera mala pero en algunos aspectos si, cuestionable. Cuentame que te parece.
Olvidaba contarte lo del bautismo: la ceremonia estuvo a cargo de un viejo sacerdote que ya no estaba para niños, nos tuvo 3 hs. con los niños pobrecillos chillando a grito en cuello y reclamandonos a los presentes nuestra falta de conocimiento del credo, sin preguntar siquiera si habia gente de otras confesiones, como en nuestro caso. Su pedido de limosna era 'un peso por cada domingo que no vino a misa' se estrello contra la Estrella de David que colgaba de mi cuello y del de mi amiga. De modo que durante el lunch, mis otras dos amigas tomaron los textos de tu blog, y ante musica suave, cada una leyo la parte del texto con los deseos para una vida, adaptados a un varon claro. Los aplausos de la gente hicieron temblar el suelo. Por una vez, hicimos magia.
muy atinado tu comentario. No se puede pretendidamente luchar por el bien cometiendo malos actos. Eso no conduce a nada bueno.
No está bien.
Es abuso. No me gusta lo que hace Chávez.
Me has dejado sin palabras, es un relato nunca mejor escrito para lo que vivimos. Un abrazo enorme.
Excelente Cortazar, como siempre. No había leído este cuento.
Pasaba a dejar un abrazo, repleto de energía y paz.
Desde Buenos Aires, MentesSueltas
Parece que Chaves también conoce las afiladas puntas de los signos lingüísticos. Creo que con esto él está saliendo más mellado.
caerá
de qué vale el paraíso sin la libertad?
Siempre pregunto: ¿hasta cuándo?..y si, hay muchas respuestas.
Abrazos solidarios
Tristemente, como anillo al dedo.
Excelente cuento. Es dificil retratar los lugares, sus gobiernos y cultura. Matizar los colores y libertades...
Francamente complicado.
Besos a tu bitácora...
cuento excelente, fenomenal...
espero que venezuela entre definitivamemnte no caminho da democracia...
abraço
Sabés cual es la falla del cuento, Ontokita?
Que el vendedor de palabras es un mercenario. Le vendía palabras al tirano, lo mismo que al decente.
Malo que se adornen las tiranías, porque eso borra la memoria y desdibuja las razones que explican el presente.
La corrupción estaba enquistada en su corazón y no era mejor que el dictador de turno. Hay cosas que no se compran ni se venden.
No entiendo como Cortazar no se dio cuenta de ello.
Solamente puede combatir a un tirano el limpio de corazón.
Lo malo, lo peor que nos pasa es que estamos en un mundo donde todo tiene precio, la gente se pone sobre una mesa de feria y se remata al mejor postor.
Luego la historia pasa las facturas.
Yo espero para nuestra América un destino de justicia, por sobre todas las cosas, justicia y dignidad.
Un abrazo
Venezuela, y nosotros también, merecemos más que demagogia; y también más que democracia. Lamentablemente hay mucha gente encandilada por el falso brillo de la democracia.
Ontokita, siempre es un placer empaparse en su bello océano de palabras e imágenes sabiamente entretejidas.
Disfrute del mar y el sol y olvide al tirano. Aquellos son eternos y este es efímero.
Estupendo tanto tu introducción como el cuento.
Aparte de este breve comentario, Ontokita, me gustaría si fuese posible y quisieras, me dijeras como vive la gente del pueblo en Venezuela:
¿Es feliz el pueblo Venezolano con Chaves?
¿Se nota que las nacionalizaciones que esta llevando a cabo este hombre, están repercutiendo en bien del pueblo? ¿O tan solo en la gente de su entorno?
¿Existe libertad de expresión?
Perdona si te molestan está preguntas, pero me gustaría saberlo de primera mano, de ti, que has estado allí, ya se sabe o al menos se intuye que la prensa suele contar las historias según sus ideales políticos (vease el mundo, el país, abc... españoles)
Sería interesante, al menos para mí, saber la verdad de lo que ocurre en Venezuela.
Abrazos.
Juan Lucas.
A todos gracias por su mensaje d apoyo y solidaridad, por ahí viene otro post con respuestas a las preguntas sobre lo que estoy siendo testigo en esta mi visita a un país en guerra.
lady: impreionante tu historia sobre el bautizo.
Nosotros bautizamos eclesiasticamente a mi hija hace un mes, entre los mios y en una iglesia que aunque no es completamnete la mia se mostró abierta y receptiva. Hasta mi compañero salió feliz y comprendió porque era tan importante hacerlo aquí en venezuela. Además escogí padrinos maravillosos que siempre estarán con mi esperanza. un beso apretao para ti.
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