Me gustan los libros escritos desde la mirada infantil. Der Kleine Nick, o El pequeño Nicolás, o en francés original Le petit Nicolas, de René Goscinny y que ilustró Jean-Jacques Sempé es un libro que hay que tener para leer y leer y leer. Los libros contados por el niño que todavía nos vive dentro, con esa mirada sorprendida e infantil que no se aproxima al mundo juzgandolo sino vivenciandolo. Así como sucede con Corazón de Amicis, Un mundo para Julius, el libro de Manuel y Un rey en el jardín para no citar otros tantos libros en donde los niños nos muestran su percepción del mundo más allá del contexto político, social o emocional en que se base su autor para contarnos una historia.
Este es un libro sencillo tanto en su concepción...(dos amigos que recuerdan su infancia, terminaron creando el día a día de un niño por allá en los años 50), como en su hechura de capítulos cortos que escribe Goscinny (más conocido por Asterix y Obelix ) y que dibuja Sempé limpiamente, sin espavientos y con humor que no necesita de palabras.
El pequeño Nicolás, de Sempé y Goscinny, es el recuento de los días de un niño de escuela, contados por el mismo. Los textos del Pequeño Nicolás tienen el poder de devolvernos a nuestra infancia, a esos tempranos seis años, del primer grado, a esa manera nueva e inocente de descubrir el mundo de los grandes.
Aquí no hay dramas mayores al de querer ir a jugar con los amiguitos y no tener permiso, o tener que comportarse bien en una aburrida cena de negocios del papá. Sin embargo, el cuento es divertidísimo. Pues el mundo del pequeño Nicolás es único y conocido porque nosotros tambien fuimos parte de él. Aquel siglo veinte, en donde los niños todavía salían a jugar a la calle sin peligros, o en donde la televisión todavía no era un desahogo para padres y una droga para niños, en donde Nicolás juega con un tren eléctrico y no con un video-juego.
Los cuentos de Nicolás tiene un matiz casi cínico, en sus comentarios acerca de la vida de los adultos, es agudo y al mismo tiempo inocente porque desde su punto de vista no censura, simplemente entiende que las cosas que pasan son, a su modo de ver „normales“ . En aprariencia su discurso objetivo va cargado de una tierna ingenuidad y de un maravilloso humor que hace a los lectores adultos reirse de sí mismos y recordar que no hace mucho también pensaban como Nicolás.
Nicolás nos cuenta cosas simples, como la visita de los tíos, la nueva maestra y el paseo al campo, la navidad, los recreos en el colegio, algún juguete importante o alguna ida de compras con su mamá, pero de alguna forma todas esas cosas colindan con alguna pequeña catástrofe y esos desastres son el mejor antídoto contra las tristezas.
Y desde esa infantil perspectiva el mundo es maravilloso y entrañable, sin dudas, la gran diferencia entre el mundo adulto y el infantil radica en como cada uno toma las cosas que pasan: los adultos con alarma o con impotente perplegidad y los chiquitos con naturalidad y desenfado de lo que se asume tal cual es.
Los niños y su humor pueden redimir pobreza que se nos haya pegado al crecer y entrar en el terreno de lo maduro. Y aunque el mundo infantil que viven Nicolás y sus amigos es madera y reflejo del mundo de los adultos, el autor no intenta hacernos una fabula o pintarnos un camino con rosas y tornasoles de cuentos de hadas, nos muestra el mundo tal cual es, con todo lo que hemos hecho de él – la competencia, la violencia, el trabajo. el ansia de dinero, el sentido de emulación, los egoísmos, la avidez de sensaciones fuertes–; pero los niños lo viven con libertad, frescura y con un aire de inocencia que encanta.
Me hubiera gustado poder leerlo en el francés original, aunque la traducción al alemán al menos garantiza el parecido cultural de la epoca. No sé como será la traducción al castellano, pero leí algunos capítulos de la versión inglesa y se parece a la alemana.
Lo más lindo de este libro es, sin duda, que no intenta dejarno una moraleja sino reconciliarnos con ese don de la sorpresa que todos traemos de cuna y que de alguna forma se va lavando como los colores de alguna ropa vieja expuesta por mucho tiempo al sol. De verdad es un libro exquisito.
2 comentarios:
Que linda descripcion, Mari. Lo malo de que me muestres tus descubrimientos es que me quedo con ganas inmensas de leerlo y despues no lo encuentro en la "ciudad de las luces... de neon" en la que vivo.
claro que si, si todo está a la vuelta de un ratón
Publicar un comentario