17.10.06

Un viaje a la esencia

Como quien busca el abrazo de la madre buena, como quien va regresando a la huella, hoy siento la necesidad de mostrar a Venezuela. Como quien cuenta una historia de andares y de recuerdos, como el que no encuentra palabras para describir afectos. Hoy trato compartir memorias, sabores de casa de abuela, olor a café colado y a tierra recien llovida.
Cómo evitar trazar palabras y dibujar recuerdos...si uno recuerda para curar nostalgias, para retener memorias con perfume a melancolía. Esa huella, ese encuentro, es al mismo tiempo maravillosa y terrible.
Porque eso es venir de donde vengo... de un golpe certero abrir el baúl y mirarse en el polvoriento espejo del fondo...abrir el alma sin palabras, sin abrazos. Entonces darse permiso para sucumbir ante la pena de la lejanía. Nostalgia siempre nueva, siempre primera.
Los recuerdos cobran vida, buscan la forma de las palabras y ellas mueven las teclas justas de lo que uno es, esa esencia que se lleva tatuada a hierro. El sepia tono del recuerdo reverdece. Es flor. Ya no hay tristezas sino una inmensa necesidad de compartir el amor y el dolor que siento por una palabra, a veces tan abstracta: Venezuela.
Entiendo, por fin, que no es fácil vivir con el corazón dividido. Ser noche y día, pena y sorpresa, alegría y tristeza, desarraigo y presencia, distancia y sin embargo entrega. Sí,pareciera que ser venezolano es estar lleno de profundas y hermosas contradicciones.
Vengo de una tierra fértil y generosa, verde y grande, cálida y hospitalaria.
Soy perdedora por herencia y castigo de apatía. Soy vencedora por sonrisa y terquedad. Vengo de una tierra-Mundo: montaña, llano, selva, desierto, nieve, playa.
Vengo de una tierra de proezas y de pobrezas,de descubrimientos y de riquezas.
Tierra de naufragios y de presagios. Tierra mezclada como su gente que no sabe de diferencias pero si de variedades. En donde el café tiene mil nombres: con leche, marrón, tinto, largo, corto, tantos nombres como colores tiene su gente, que es una amalgama de sangre blanca europea, esclava negra e india guerrera. Gente que mirándose la piel reconoce el color y el olor de la canela, del cobre y del trigo al sol, porque los lleva en la herencia de aquellos hombres se fundieron con tierra de Venezuela...Entonces Moreno, meztizo, mulato, sambo....
Esta noche vuelvo a casa, retorno al centro, al hogar de lejos. Otra vez hago magia, logro el sortilegio para seguir viviendo.
Esta noche soy la luz que cae sobre el Cerro El Avila. Soy del cielo azul y del mar espejo. Soy tambor de noche de santos, río revuelto y joropo de llano adentro, ensueño crepuscular, superstición y creencia, maraca y canto de gallo, arepa cuajada y yuca, pabellón, dulce de leche, bienmesabe, canto ‘e pilón, María Lionza, La Pastora y Coromoto, río Orinoco y pico Espejo. Páramo y Roraima, calles lenas de gente, por puestos que cantan salsa.
Soy más porque vengo de donde vengo.Soy clamor de pueblo grande... rumor de risa contagiosa, esa que se confunde con el llanto.
Hoy muestro lo que se ve cuando se me mira adentro.

PD. las fotos son de un maravilloso fotógrafo venezolano: Jesús Ochoa

3 comentarios:

Unknown dijo...

ONTOKITA

MIENTRAS LEÍA SE REPRESENTABA EN MI , TU BELLA TIERRA .
HAS DESCRIPTO MARAVILLOSAMENTE TU PUEBLO .
QUE UN JOROPO LLEGUE DULCE A TUS OÍDOS .-

QUE TENGAS UN BUEN DÍA
RECIBE MIS SALUDOS

ADAL

Gloria dijo...

Hermoso, amiga. Extranho esa tierra mundo mas de lo que me permito reconocer ... Me encanta que hayas descrito la esencia de nuestra tierra, la que permanece eterna a pesar de los pesares... Gracias por el mejor y el mas anhelado de los viajes...

María Elisa Quiaro dijo...

gracias Adal, mucho llega a mis oídos y a mis ojos y lo mejor es siempre compartir lo que somos.

maría dolores, somos dos viajeras que caminando mundos, hemos aprendido a ver el brillo de lo nuestro...a pesar de los pesares