19.7.06

Julio Cortázar


Allá por el año 1993 tuve un sueño con Julio Cortázar. Lo que sigue es el resultado de ese encuentro.
Ojalá hubiéramos coincidido en las entrañas del tiempo. Ojalá te hubiera encontrado, ya no en el eco de tus palabras encerrado en mi cerebro, ni en la cinta que me devuelve tus horas de tedio. Escucharte más de lo que te escucho ahora, más de lo que te he escuchado siempre. Ojalá te hubiera visto, ya no ahí en la pose eterna que inmortalizó el clíc de una cámara, ni en la puerta de salida de un libro que cuenta un poco de él y casi nada de ti que ya no estás.
Un buen día caíste en mis manos como un don preciado y te quedaste ahí, entre los otros, esperando tu momento. Y dentro de ti, un mundo aparte y paralelo, una vida ,pero con un ingrediente más que la hacía diferente. Había sido ésta y era otra... un lente de aumento para descubrir las verdaderas cosas.
Al principio y como en todo, reinó la oscuridad. Me llevaron a ti las palabras de otros, lo que les habías dado. Sus sueños que los tuyos ayudaron a hacer realidad. Después me interné en tus caminos y en tus juegos, y poco a poco me fui enfermando de ti. Me embrujaron tus palabras y su alma, líneas paralelas que marcaban territorios y me empujaban, como a ti, a ir en busca de mi centro.
Fui tu juguete, eras tú el que jugaba y sigue jugando en ese ir y venir de niño con gato, de niño en la tierra, de niño mirando el cielo. Eras tú el que me hablaba de lo que yo presentía, eras tú quien le daba nombre a mi angustia perdida.
Hasta que la noche de un día me llevó a ti, como sólo sería posible entre tú y yo. Te adentraste en mis sueños como fuiste, como te quedaste siendo... sereno y lejano, silencioso y eterno.
Subí por la escalera de tu casa y en la bruma verde-azul de los sueños, me hiciste sentir sola sabiendo que estabas allí. La luz, esa luz que transforma las cosas me dejó ver tus amores: libros y libros que no alcanzan a ser leídos en una sola vida, sino quizá en dos o en tres. Y un gato que me esperaba en el medio de una salón vacío, mitad gato, mitad esfinge, llamó mi atención para que no sintiera tu llegada, para dejarte estudiarme con tus grandes ojos, esos que siempre vieron más.
Ahí te conocí, en el lugar sin tiempo que sólo tú podías inventar y hacer realidad, una realidad que sólo conocen los que saben que es de suave arcilla, porque se han atrevido a tocarla... y ahí me mostraste un libro forrado en cuero, sus hojas estaban en blanco
- "es el libro de los que nunca escribieron"- eso dijiste.

1 comentario:

Inos dijo...

Este tío nuestro... a veces se asienta, pero lo de él es flotar caracoleando en el aire cada vez que uno pasa. Como el polvo de los caminos.