27.3.13
calle vacia
10.10.12
3.6.12
Amapolas
La fuerza de la esencia femenina era tan grande que el polo opuesto, lo masculino, apenas se podía percibir. Por mandato lunar un grupo de mujeres reunidas por azar o por destino, danzaban en el vórtice a la entrada al laberinto... justo ahí donde brillaba la llave hacia esa parte de nosotras que en algún momento, y por mil razones, dejamos un día sentada esperando un regreso.
Mil mensajes parecían estar soplados por ángeles insurgentes y traviesos que de paso nos halaban las orejas o de repente nos regalaban la vuelta a un instante determinado de un pasado remoto o casi olvidado. Es que cuando las mujeres se encuentran y se expresan de corazón, se genera un campo energético que resulta de algo más allá que una suma de presencias. En ese compartir se contacta un poder interior a veces dormido o aletargado, que despierta para inspirarnos creación y acción, palabra y arte. Se lleva a cabo un dialogo interno en donde se reconocen y se celebran los sueños y los logros. En esa celebración de encuentros abrimos el corazón para dar y recibir apoyo y aceptación. Tanta sapiencia femenina crea vínculos sanos, restaña heridas y revive la magia que nos habita y nos renueva el alma.
Esos encuentros profundos nos recuerdan que podemos mover piedras gigantescas, porque en el fondo sabemos que para nosotras no hay nada que de verdad sea imposible.
30.5.12
cuando el niño era niño
Uno de los cuantos encuentros con el lenguaje - a la fuerza- duró seis meses de clases de cuatro horas diarias, cinco días a la semana. En él, poco a poco, se fueron depurando las impurezas de lo aprendido sin reglas a punta de oido y de buenos amigos. Así me atreví a admitir lo que ya sabía... que me encanta este idioma, sus juegos e inocencias; sus reveces complicados y la sencillez de su esencia.
El colofón de fin, de este tiempo que presentía cambios, me tocó presentar la prueba del Certificado Alemán. Fueron seis largas horas de examén, la prueba más larga que me había tocado hacer hasta ese momento. Salí contenta y sentí que el verbo "ankommen" describía lo que sentía. Ankommen significa entre otras cosas "arribar".
Una vez más y por sobradas razones me conmovió este texto muy adentro: Ich bin angekommen. Finalmente había arribado a Alemania. Hoy lo dejo de nuevo aquí como el llamado a no olvidar que somos un constante cambio, que la vida es un constante descubrir de maravillosos milagros y que hacemos de ella lo que decidimos que sea:
Cuando el niño era niño
caminaba balanceado los brazos,
quería que el arrollo fuera río
y ese charco el mar
Cuando el niño era niño
no sabía que era niño
todo tenía anima y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño
no tenía idea de nada,
no tenía costrumbresse sentaba de piernas cruzadas , corría constantemente,
tenía un remolino en el pelo
y no hacia caras cuando los fotografiaban.
Cuando el niño era niño
era el tiempo de las siguientes preguntas:
Por qué soy yo y porque no soy tú?
Por que estoy aquí y por qué no ahí?
Cuando comenzó el tiempo y cuando termina el espacio?
No es la vida bajo el sol un sueño?
Lo que veo y escucho y huelo
no es una ilusión de un mundo antes de otro?
Existe el mal y gente que de verdad es mala?
Cómo puede ser, que sea el que soy,
antes de ser, no fui,
una vez yo, el que soy,
no seré más el que seré? ...
Peter Hadke texto completo en Inglés y en Alemán
15.5.12
Sobre el universo, la creación y otras sorpresas
La esperanza (4) soborea encantada su jugo de naranja, luego me mira seriamente como después de haber hecho una profunda reflexión:
- Mamá, sabes yo no creo que la tierra sea redonda!
Su papá y yo nos miramos sorprendidos de tal aseveración y nos disponemos a halar el hilo del tejido de sus ideas:
- aja! y cómo sabes tú eso?.
- mira todo, todo es plano, planito..
- pero entonces si no es redonda es cuadrada?
- nooooooooo! Es como una flecha!
- cómo es eso?
- es una flecha que va desde Alemania a Menezuela (quizo decir Venezuela)
- ah! ya veo.
- no sabías?
- (silencio) ...no.
- Además todos vivimos en el universo.
- ah! el universo ...qué es el universo?
- Es una bola grande llena de bolitas a donde van a parar los cohetes.
- Aja, claro!
- y sabes quien creó el universo y todas las cosas?
- Quién, dime tú?
- Nikolaus, El niño Jesús y el querido Dios y los ángeles.
- y mira que tuvieron trabajo, no?
- (pensativa) no...no tanto, más trabajo tuvo el que creó a Dios... su papá!
- (sorprendida) no sabía que Dios tuviese papá!
- claro, es Gepetto, el papá de Pinocho...el hizo a Dios también y le quedo muy bien.
- aaaaaaaah! no lo sabía!!!Salí corriendo a escribir el Genesis según la Esperanza.
13.5.12
Intuición maternal

Está es la historia de un sueño,uno que se espejó maravillosamente en la realidad de mis días.
Llevaba pues una barriga de casi ocho meses en donde un astro nadaba y nadaba. No habíamos querido saber su sexo porque eso no tenía en realidad ninguna importancia. Decíamos "será bienvenido quién venga y cómo venga“. Sin embargo, todo mi embarazo me sentí habitada por el almita de un niño. Compraba ropa azul, buscaba nombre de varón y me preparaba para dar a luz en el agua.
Y una noche…
me encontré de repente en la casa que conozco de memoria. Caminando las habitaciones del viejo caserón de Milla, la casa de la abuela y de los veranos de mi infancia. Fue como siempre, como si la casa todavía estuviera ahí, de pie, esperándonos cada Julio entre rosas y montaña: La tejas enmohecidas de frío, el piso de terracota que contaba historias, las formas que se dibujaban en las paredes de bahareque y adobe, los muebles viejos y la puerta de zaguán entreabierta.
Al final, el cuarto de Abuela con sus dos camas, la de ella y la de Rosa, mi nana, el radio dormido, el olor a velas y a ungüento de menta. La tenue y pálida luz que alumbraba los santos del altar y el silencio de siempre, el silencio.
Me acerqué a la cama de Rosa, en la pared colgaban las muñecas de la infancia que nunca tuvo, las mismas con las que dejó de jugar el día de mi nacimiento.
Me aproximé a descolgar una de ellas, justo cuando una voz conocida me detuvo en el acto.
-“ Niña, qué hace?. Usted ya no necesita más muñecas. Usted acaba de tener una. Los doctores se acaba de ir y la operación salió bien...“
Con los ojos de amor de la abuela clavados en la memoria, me desperté con la certeza de que todo había cambiado y de que ya se me había avisado. Despabilé a Lars y le dije:
-“será una niña y nacerá por Cesarea, me lo ha dicho mi abuela!
Él acostumbrado como ya está a esas cosas, me miró profundamente y luego dijo:..."entonces ya sabemos".
Feliz día de las Madres
25.12.11
En memoria de lo perdido

Es dura la navidad. Para los que vivimos fuera del país y todavía extrañamos lo que en el vivimos, es un tiempo agridulce, dulceamargo. La Navidad fuera de casa es una contradicción en sí misma. Y es que la casa ya no existe porque el país no existe y porque el tiempo inexorablemente pasa y lo cambia todo.
Pasa siempre lo mismo no importa cuanto tiempo vivamos fuera del país, la herida de la distancia se abre en algún momento entre el 24 y el 25 de diciembre, justo cuando alzamos la copa por aquello que fuimos o brindamos por los que se fueron. No es necesario que el espíritu alcohólico nos entristezca la celebración, basta un suspiro, un comentario inocente para llevarnos a otras Navidades en tierra del trópico con cielo decembrino azul como ningún otro.
Dividida el alma, que habita en un cajón de ausencia, junto a memorias vividas y otras pérdidas, llena de un aire de nostalgia por lo que ya no regresa. Nos queda el consuelo de una video llamada y la conciencia de la perdida de bautizos, comuniones, matrimonios y entierros. Nos queda el encuentro en sueños con nuestros muertos, nos queda la memoria detenida en un tiempo y la realidad de que éste pasa, terriblemente pasa cada mañana al asomarnos al espejo.
Las hallacas saben a sazón de casa de abuela, pero afuera nieva, el cielo gris es tan ajeno al de los azules diciembre caraqueños, a la cuenta de los abrazos se le suman los que no se reciben en carne propia, faltan hasta las arrugas de los viejos, las risas de los hermanos y esa curiosidad de los sobrinos a los que nos une un hilo inocente y irremediablemente débil.
Dura poco ese encuentro con la añoranza, el momento presente se encarga de traernos de vuelta, una lágrima alcanza a rodarnos por la mejilla...a veces ni eso. Los de acá no tienen la culpa, no hay que echarles a perder la celebración, no es para tanto, el luto es individual y penoso.
Ya yo llevo 15 años de autoexilio, de una decisión que para aquél entonces no tuvo que ver con gobiernos ni política. Sin embargo es eso mismo lo que hoy me aleja más que nada de mi tierra. Dividida el alma, el corazón, la entraña. Como mi hija, mitad y mitad y yo luchando porque no se le pierda mi herencia entre tanta „alemanidad“.
Hoy escucho canciones de Venezuela, me atrevo a escucharlas a sabiendas de que abren puertas dirigidas a la tristeza. Hay que ser valiente. Sólo queda el recuerdo. La memoria de lo perdido, eso que ya no es nuestro y que irremediablemente buscamos, carentes de tanto, ciegos de lágrimas .
La navidad va unida al fin de año, le quedan pocos días al 11 del dos mil, pronto se iniciarán nuevos ciclos, levantaremos la gacha cabeza para seguir andando en este mundo que es tan nuestro como aquél que dejamos, al que también extrañamos cuando estamos lejos. Hasta que nuevamente la gran carencia se nos instale en el salón entre galletas y té de estación, entre pan de jamón y ponche crema, entre ese aquí y el allá, entre lo que se es y ya no se es.
La vida continua y no hay remedio.
17.12.11
1.4.11
27.12.10
Mea Culpa, Nostra culpa.

Tú eres culpable.
Y yo también y muchos otros que desde la comodidad de la distancia critican, se creen grandes y valientes, y se levantan como gallitos de pelea contra el régimen del mono que desde hace 12 años gobierna a Venezuela. Claro valientes desde la distancia, sólo desde la distancia.
Tú y yo somos culpables, tanto como los que están allá y no hacen nada. Aquellos que amparados en la apatía y del „qué si ya no hay compón“ se dejan quitar un país por un mono armado. Todos somos culpables.
Es muy fácil mandar a hacer a los que viven el diario desplomarse de un país; a los que el miedo se les mete en las casas y los agrede con una liturgia mediática; a los que salen a trabajar cada mañana sin saber si habrá regreso o secuestro exprés; a los que tienen como única diversión el peregrinaje de fin de semana por los centros comerciales porque es más seguro que ir al parque del Este o a los Caobos. Es muy fácil decir que aquél del que hoy quedan los despojos, ya no es nuestro país, es nuestro EX país.
No existen los ex-países, se es o no se es de un país. Como se es o no se es hijo de alguien.
Venezuela es nuestra patria, así la hayan malogrado, así la violenten día a día, así nos separen millones de kilómetros de distancia de su tierra un día bendita. Me llama la atención la cantidad de Venezolanos que ya en otras tierras, hacen como si la cosa, el milico y sus focas, no fuera problema de ellos. En sus mundos mayameros, o europeos de primer mundo, se habla poco del Esteban o si se habla es para contar como se sacaron los reales „justo a tiempo“ o como pues, se debería hacer para acabar con el hijo putativo de Fidel. Eso si desde el cómodo sofá mientras se bebe una cervecita y se juega Wii con los coterráneos. Así es muy fácil, demasiado.
El país que nos falta, nos los robaron hace ya mucho tiempo...el milico se ha encargado de llenarlo de escoria y ponerle la guinda a la torta. Pero no podemos olvidar que ese país de nuestros padres, el de orden y progreso, el de las nuevas autopistas de hace 60 años, el de la modernidad, tampoco fue conocido por nosotros. Nosotros nacimos en lo que dejaba de el el nuevo riquísimo petrolero y la corrupción. Crecimos en tierra que temblaba al paso de los petrodolares y de las SierrasNevadas, de los escándalos presidenciales, del rancherio que pululaba mientras los gobiernos de turno prometían no sé cuantas casitas por año, crecimos como Macondo mientra sucedía el saqueo de las potencias extrajeras, la corrupción tomaba cuerpo de los partidos políticos que se turnaban el poder blanco o verde mientras las clases bajas no conocian eduación sino pan y circo para que el poder permaneciera en manos de los que siempre lo habían tenido. Esa era la regla, eso era lo „normal“. Crecimos escuchando eso del „quítate tu pa‘ poneme yo“, "el cuanto hay pa‘ eso“ o el "ta‘ barato dame dos“. Nacimos cuando comenzó con el desangramiento del país.
Crecimos siendo la clase media pujante que va a la universidad y que piensa- eso nos decían - algunos teníamos antepasados ilustres que si le echaron bola a su sueño de país, otros hicimos lo posible entre las trincheras tirapiedras de la amada UCV para tiempo más tarde hacer las maletas y enterrar nuestros sueños en tierra de nadie. Crecimos pensando que las cosas aunque se cayeran a pedazos eran eternas, el petróleo era eterno, los minerales y el oro eran eternos, el agua de nuestros ríos eran eterna. Si claro en Venezuela todo es posible...Crecimos echándole la culpa de todos nuestros males al otro, llámese gobierno de turno o vecino de la cuadra y la retahíla se repetía cada 5 años: „La culpa no es mía yo no voté por él“, o lo que es peor „yo no soy culpable yo ni siquiera fui a votar“.
Extremo Surrealismo tropical. Hoy creemos que un día mientras nos sentamos a esperar llegará un SuperMan de la CIA y le hará la pesadilla realidad al mono con eso del magnicidio y la bala en medio de la frente. Y así seguimos creyendo que ya Venezuela no es de verdad problema nuestro.
Será verdad que merecemos tener es maldición como pago a la culpa de la apatía, del desapego y del egoísmo. Quisiera creer que no es así. Pero somos culpables de desidia, de ausencia, de tanto cerrar los ojos. No sólo en los últimos 12 años, sino siempre.
Sólo cuando se remueven las ausencias y las carencias del olor a patria, porque estamos lejos, somos capaces de mirarnos al espejo para darnos cuenta que no somos del lugar que escogimos como nueva existencia, sino que seremos eternamente del lugar que nos parió la vida, con sus siete estrellas, con sus noblezas y sus bajezas.
28.11.10
El tiempo de la esperanza

Me he reconciliado con la Navidad desde que tengo una hija.
Antes de que la esperanza naciera, su papá y yo de milagro comprabamos un par de ramas de pino para decorar y es que de verdad no era necesario, nuestras familias estaban lejos y nosotros todavía andábamos de hippies por esta vida. (lo que también fue importante).
Me gusta la navidad en Alemania porque es un tiempo de verdadera introspección para muchos, pues todavía las tradiciones que datan de siglos pensan y se contraponen al conocido consumismo que aqueja a buena parte de este mundo.
Yo no soy de iglesias, nunca lo he sido...sé y siento que lo que yo llamo Dios de verdad está en todas partes...por eso hemos decidido que aquí, en Alemania no tedríamos ninguna Confesión. Y basándonos en esa libertad pues disfrutamos de todos los cultos y tradiciones cuando lo necesitamos.
El día que nació mi Esperanza nos convertimos en verdadera familia, fue nuestra navidad particular; desde ese momento y con ella reaprendemos las cosas para luego darles nuestra lectura particular.
La navidad es una de ellas...en casa hay pesebre y hay árbol de verdad, buscado en el bosque entre frío y lodazal...maravilloso!. Tenemos una navidad „multi-culti, como se le dice por estos lados a las parejas de diferente nacionalidad.
Pero la tradición que más me gusta es el tiempo de Adviento.
El Adviento,por ejemplo, para mi el tiempo del silencio. Son las cuatro semanas antes de las Navidad. Viene de la palabra latina “adventus” significa “llegada, advenimiento” y se refiere a la espera de la llegada del Salvador al mundo. Se coloca un centro de mesa navideño que contienen cuatro velas y cada domingo de Adviento se enciende una . A cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud:
La primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la fe y la cuarta, la esperanza.
Como hace frío y oscurece realmente temprano es un tiempo de velas que arden y pensamientos que vuelan.
Cada Domingo a las 10 de la mañana tenemos cita en la iglesia Lutherana que apenas nos queda a unos metros de casa, allí canta mi esperanza con sus ocho años y esa inocencia del que espera y cree que hay algo mucho más grande y poderoso que nosotros mismos. Sin nombre o con uno solo, como uno quiera!
He aprendido a querer esta navidad del norte, silenciosa y esperanzada. Sobre todo por eso...por la esperanza.
27.11.10
apenas unas líneas

Sin mucha promesa, pero con la mejor intención.
Vuelvo, eso espero, con una cuantas líneas ahogadas en la garganta, con ganas de rehacer puentes y afectos que este espacio alimentó en otro tiempo.
No soy de mucho tuiteo, pues me parece un ejercicio de egos que se escriben en la pared, me decido entonces por unas líneas de tiempo en tiempo, como resistencia a cerrar esta mi casa o mi templo. Sin más promesas.
21.8.10
El Cortázar más secreto
27.6.10
Puente

las pequeñas cosas de la vida, la sostienen y alimentan. Me doy cuenta de esto de tiempo en tiempo y siempre me maravillo. Luego aparece el día a día, se va comiendo sus propias horas y en la carrera me hace olvidar los pequeños milagros. Quizá la existencia de los opuestos tenga como única misión... hacernos recordar que existe otra cosa más allá de la carcel del tiempo y quehacer diario, del deber hacer y la carrera contra el no sé qué.
Ya casi estamos de vacaciones y hasta me puedo dar permiso de escribir unas cuantas líneas en mi olvidado blog, ir a nadar al lago que se alegra del tardió verano o sentarme a leer un libro que me trajó la presencia amistosa de un alma de letras que de alguna forma camina hermosamente unida a la mía. Gracias Lena
21.5.10
7.5.10
La verdad duele...

polémico historiador y periodista, autor de más de 50 libros sobre
historiografí a, política y literatura; miembro de varias academias
nacionales e internacionales, ganador de codiciados premios y hasta ahora
es el único criollo publicado en la Universidad de Cambridge, donde se
doctoró con una tesis sobre la Internacional Comunista y la revolución
latinoamericana.
Éramos un país de viajeros gozosos instalados en la dulzura ochocentista del ta barato dame dos mayamero.
Celebrábamos los Carnavales en Aruba, Semana Santa en Cartagena, vacaciones escolares en Miami y Navidades en el Rockefeller Center.
Nuestros únicos exiliados eran los becarios del Plan Gran Mariscal de Ayacucho que se iban llenos de dòlares como abejas golosas a las colmenas del saber gringo. El que más o el que menos tenía un hermano, un primo o un novio protegiendo focas en Hawai o estudiando zootecnia en
los bosques de Wichita, y uno que otro hijo de inmigrantes aterrizaba en casa de la tía gallega en La Coruña para estudiar medicina o con la abuela catalana en Gerona para estudiar Ecología.
Pero el destino nos alcanzó, como en la película y nos sumamos al resto de países latinoamericanos como Argentina, Perú, Ecuador, Colombia, Rep.Dominicana o el Salvador, que luchan por un empleo de tercera en cualquiera de los países del primer mundo.
En Europa era frecuente ver a los venezolanos de turistas manirrotos conociendo la tierra de los abuelos y mirando con lástima a los argentinos, que habían llegado por aluviones a los países de la comunidad europea en las diversas oleadas que las sacudidas políticas y económicas han arrojado fuera de la otrora Suiza de América.
Aún no nos reponemos del shock. Desde hace 6 años, Venezuela se desangra buscando fuera de nuestras fronteras lo que dentro de ellas dos generaciones de venezolanos no pueden encontrar: trabajo, seguridad y una manera digna de vivir y de labrarse un futuro.
Somos tantos los que huimos, que en las afueras de Miami ya hay un pueblo de quince mil habitantes que llaman popularmente Venezuelaville y que tiene la bandera de Venezuela como enseña en el cartel a la entrada al pueblo.
En Atlanta hay cafés llamados Caracas y Ocumare, y dos areperas que hacen las delicias de colombianos y chicanos. New York está lleno de bartenders maracuchos y caraqueños. Las Islas Canarias parecen el Boulevard de Sabana Grande, y en Barcelona, en pleno otoño catalán basta con entrar al Corte Inglés para comprar harina Pan, tostoncitos o una polarcita bien
fría, y encontrarse en la caja número 2 a un ex compañero de la UCV haciendo el mercado de la quincena. En menos de una década nos han convertido en un pueblo de inmigrantes, llenos de nostalgia de torontos y añorantes de queso telita.
Hace veinte años, los intelectuales venezolanos se preguntaban que era "la identidad nacional",en este país de mientras tanto y por si acaso, cuyos monumentos históricos no pasan de la década de los albores del siglo XX, y la respuesta iba más allá de esta Venezuela bolivariana de Revista Tricolor, que intentan vendernos los neochavistas. Más allá del Turpial y el Araguaney, más allá del Flamboyan y de la Semana Santa de los 7 templos.
Portugueses, italianos, españoles, eslavos, judíos y alemanes, fueron llegando a nuestras costas como sobrantes de una post-guerra de miseria y necesidades. Ahora hijos y nietos de esta marea aluvional, regresan a los países de donde vinieron los ancestros, para encontrar que valen lo mismo que un africano de patera o un colombiano sin papeles: o sea nada.
El venezolano de clase media que emigra buscando la esperanza en otros países, ve convertidos sus títulos e innumerables postgrados en sólo papel mojado y generalmente termina aceptando el primer trabajo de mesonero o empleado que le permita pagar el alquiler sobrevivir al
invierno. Las mujeres venezolanas, acostumbradas a la paridad gerencial y a las conquistas logradas post era perejimenista, se encuentran con un mundo de amas de casa que tienen veinte años de atraso con respecto a Venezuela, en la mayoría de los casos europeos, y sobre todo en la
supuesta "España moderna", que tiene la mayor tasa de violencia de género de Europa, que se escandaliza porque las Ministras del gobierno socialista posan para Vogue y en las que las mujeres en vez de jugar un papel en la historia juegan un trapo, como bien reprocharía Mafalda en uno de sus chistes más mordaces.
Y el Norte, el Norte sigue siendo una quimera a ritmo de merengue venezolano, que atrocidad!. Un Norte de Migra persiguiendo petareños por la calle Ocho de Miami, de policías aduaneros que prácticamente te instalan un localizador satelital para encontrarte post vencimiento visa
turística.
En Estados Unidos nos llaman "los balseros del aire", en Canadá nos niegan las visas antes de respirar siquiera y en los consulados australianos (por sólo dar tres ejemplos) nos colocan un "warning" alrededor de la nacionalidad. Ya no somos el país bienvenido del oro negro. Somos un país de exiliados forzosos, instalados en la añoranza de una Venezuela que no
volverá y que nos dejó botados a las puertas de la historia, con nuestra rabia como única arma para derrotar a los mediocres que nos sellan el pasaporte a la salida.
Como decía Charly García, el último que salga que apague la luz...porque los que regresen tendrán la terrible mirada de los que no creen en nada.
¿Por que?, Por que carajo no cambiamos nuestros horizontes y en vez de huir buscando un "sueño americano" ¿Porque no buscamos un "SUEÑO VENEZOLANO", este pais tiene todo lo que cualquier pais del mundo desearia, lo que nos falta es coraje para enfrentar de verdad las
injusticias y lograr que los que estan engañados se den cuenta y reaccionen positivamente al sueño que todos tenemos de lograr un país con futuro para nuestros hijos, y no huyendo en busca de un mundo de fantasias,.. . pero de otros, donde nos desprecian y humillan por no tener
el valor de defender lo nuestro.
16.4.10
1.3.10
11.2.10
una de Esperanza /16
La canción de Venezuela
Esperanza ya está en el segundo grado. En estos días llego de su clase de música y me contó que había aprendido la canción de los Alemanes, léase el Himno nacional Alemán. Me dijo que su maestra les había contado que no todos en Alemania cantan la canción y es que no conocen la letra. Entonces y como de costumbre mi nena compara todo con Venezuela y preguntó si podía cantar la "canción de Venezuela"
Le conteste que todos la aprendemos desde la escuela, cada mañana la cantamos frente a la Bandera. Ese mi recuerdo de infancia.
Con sus siete años mi hija no puede entender que en las escuelas alemanas no se cante el himno y que ella sólo lo hubiera escuchado hasta entonces cuando en el mundial de fútbol de 2006 el equipo alemán se enfrentaba a otro, no entendía tampoco porque yo lloraba cada vez que escuchaba la canción.
La razón de mi tristeza es doble y tiene que ver con la historia de este pueblo, cuyas heridas y culpas llegan hasta nuestros días, el himno no se canta en las escuelas, en el 45 se le quitó la primera estrofa por considerarla inadecuada para un país que había perdido la guerra. Hoy día solo se canta la tercera estrofa, hermosa como todos los himnos.
Esta noche mi hija me pidió que le cantara el Himno de Venezuela. De más estás decir que se me fue el alma en ello.
En el video los trabajadores de RCTV, el canal de televisión cerrado y expropiado por Chavez, cantan el Himno contra el despotismo que impera en mi tierra.
6.2.10
Dolorosas verdades del ser venezonano
Hay verdades que duelen y mucho, hay memoria que olvida y muy rápido. Dejo este texto en esta ventana para no olvidar lo que hemos hecho para tener al tirano que tenemos.
"Chamo, tranquilízate. Métete en la bañera, disfruta un buen trago y un cigarrito , como yo, y deja que el mundo siga dando vueltas. Después de todo cada pueblo tiene el "Régimen" que se merece, y Venezuela no es la excepción.
Si te acuerdas, los venezolanos de oposición nunca salieron tampoco a las calles a protestar cuando Lusinchi vistió de generala a Blanca Ibáñez, ni cuando la graduó de doctora en leyes por TV con toga y birrete, ni cuando esta partió a NYC en un avión Hércules de la FAV , lleno de oro cochano extraído del Caroní, en compañía de Charles Brewer Carìas, que era su ministro, ni cuando Vinicio Carreras se robó 2.000 millones de dolares y se fue a Londres a montar una agencia de viajes para regresar 5 años después con su causa legalmente prescrita, a escribir una columna semanal en el diario El Mundo, que se titulaba "Contra la corrupción".
Tampoco nunca nadie saliò a protestar en las calles cuando la barragana de CAP ( Cecilia Matos) llegò a Miami y comprò 9 edificios "cash" en el "Miami Beach Strip" (hoy South Beach) en 1976 a titulo personal, de un solo plumazo y con dineros de la naciòn. Nadie se quejò de que CAP le regalara un barco a Bolivia, ni que en Sidor compraran equipos de calefacciòn para las oficinas de Pto. Ordaz, que obviamente nunca fueron instalados. Los jeeps de Ciliberto: Acto doloso, roñoso, ramplón., vergonzoso y vulgar cometido por José Ángel Ciliberto, ministro del Interior durante el gobierno de Jaime Lusinchi. El ministro Ciliberto fue acusado de usar indebidamente el dinero de la partida secreta de su despacho para comprar 65 jeeps que fueron activados por AD en la campaña de 1988. O los negocios dudosos de Rafael Tudela R., en producción petrolera, energía, hoteles, finanzas, real estate, inmobiliaria y construcción, ni de la sociedad para delinquir contra los ciudadanos desprevenidos y el estado venezolano constituida por Gustavo Cisneros Rendiles y Pedro Tinoco..
No recuerdo que nadie haya explotado con manifestaciones callejeras cuando Diego Arrias se guisò aquellos millones de verdes con los buses Leyland, o cuando CAP le dio a varias familias oligarcas concesiones por 100 años sobre islotes de Los Roques (Madrizqui, Francisqui, etc). Nadie se quejò cuando Luis Herrera puso a su compadre Ali Cordero Vale al frente de FIVCA (entidad financiera del Banco Industrial de Venezuela) para robarse mas de 700 millones de dolares durante su gestion presidencial, ni cuando doña Betty de Herrera se enquesó en la Fundación del Niño.
Nadie dijo nada cuando CAP se coronò como un rey al iniciar su segundo mandato, con Fidel como invitado especial y mas de 300 invitados internacionales. Nadie dijo nada cuando quemaron el edificio sede de aquellos juegos panamericanos ( al lado de la Plaza Venezuela) para destruir la evidencia de corrupciòn de lo que se habìan robado a raiz del evento, en el cual, solo con lo que supuestamente habìan invertido en VTV en aquel momento , el robo sobrepasaba los 300 millones de dolares..... Ni cuando el Zar de Guayana ( el adeco Leopoldo Sucre Figarela) se enriquecía groseramente… Si me pongo a hacer memoria voy a pasar toda la noche escribiendo de como los venezolanos siempre se han dejado joder por el gobierno, ( y se han hecho còmplices pasivos) , sin hacer un carajo.............................
La diferencia es que ahora se estàn dejando joder por los comunistas, lo cual es harina de otro costal. Pero igual no les importa un bledo mientras encuentren donde y como guisar, por ahora. Son tan brutos que creen que este es solo otro gobierno malo mas, sin darse cuenta de que con los comunistas se les acabò su forma de vida conocida, para siempre. Pero ¿ que le vamos a hacer?.... los venezolanos son asì de pendejos.
Venezolano es venezolano, y aunque coma mierda seguirà pensando que es la ultima Coca Cola del desierto; por eso estàn jodidos y seguiràn jodidos, porque como se creen tan arrechos y son tan arrogantes ( los comparo con los argentinos ) se les hace imposible unirse y ponerse de acuerdo, por aquello del "quitate tu pa' ponerme yo", que siempre ha sido su consigna como compatriotas .................Por eso estàn y seguiràn jodidos y presos en su propio pais, por dècadas.
Si te fijas bien, el venezolano opositor es en su gran mayorìa engreido, racalcitrantemente procelitista, racista y sobrado en todo. Dice saberselas todas. Es egoista , mentiroso y tracalero, hipòcrita e interesado, muy materialista y hasta mal intencionado cuando las cosas no le salen como esperaba. No respeta a los humildes, ni a los mayores, ni a los negros. La mayorìa son nuevos ricos, hijos de inmigrantes, que hicieron billete guisando con los gobiernos anteriores sin trabajar. Ese es el venezolano que iba a la plaza Altamira a derrochar fìsico durante el paro. Los mismos que se cagan cada vez que oyen disparos en una marcha o empiezan a comer gases lecrimògenos. Son puro relincho y peo; no tienen cojones.
En mi opinòn la "cleptocracia" de los ùltimos 50 años solo sirviò para crear bodrios humanos que saquearon al pais sin mayor esfuerzo. Gente sin principios, si ètica, sin moral, sin escrùpulos. Son los mismos que tomaban whisky 12 años (cuando no existian los de 15, 18 y 25 años) con agua de tempano glaciar, importada de Alaska.
Son los que aprendieron a comprarle Rolex de oro al culito de turno y
contratar a la Billo`s hasta para celebrar el cumpleaños de la abuela. Son los que obtuvieron prèstamos del gobierno que nunca pagaron y con los mismos se edificaron mansiones en La Lagunita. Son los que viajaban a Miami en colitas aereas de PDVSA, solo para comprar blue jeans o pasar una noche rumbeando en El Mutiny. Son los que ponian a sus empleados a lavarle sus carros para llegar brillantes a las fiestas oligarcas. Son los que llegaban a Miami diciendo "ta barato dàme dos".
Son los que pagaban a un gestor para que les borrara las deudas de impuestos que nuncan pagaban. Son los que pagaban a un gestor para que les sacaran un porte de arma sin haber tocado una , jamàs. Son los que amenazaban a cualquier policìa , porque se sentìan "pesados" gracias a sus contactos en el gobierno de turno. Son los que se las pasaban en burdeles y en la Av. Libertador buscando transformistas y luego aparecìan los domingos en las iglesias de sus urbanizaciones hablando de moral, familia , civismo y sociedad. Todavía esperamos que el fósil de Henry Ramos Allup publique la prometida lista DE GENTE DE LA OPOSICION QUE HACEN VIDA CONCHUPANTE CON EL GOBIERNO DEL DICTADOR CHAVEZ , que se acuerde de incluir en ella a su mejor testaferro, el italiano mafioso que es su suegro. Nadie dijo nada cuando el presidente Ramón J. Velásquez (para tapar el escándalo del ballet rosado de su hijo Gustavo Luis Velásquez, ex consultor jurídico del palacio de Miraflores) indultó al archi conocido narcotraficante Larry Tovar Acuña.
Y de los militares de la IV Republica mejor ni hablar. Son la escoria mas
grande que jamàs haya existido, y asi lo han demostrado. La gran mayorìa tenian o tienen dos o tres mujeres y varios muchachos regados. Todos saben mas de whisky que de armamentos y tàcticas de guerra. Nunca han ido mas allà del polìgono, si de echar plomo se trata. Todos han estado incursos en algùn guiso como comisionistas, en la medida en que su rango se lo haya permitido. Todos eran (son) prepotentes y les encantaba soslayar y hacerse sentir, donde quiera que llegaban. Todos se creìan muy arrechos y muy por encima del resto de la sociedad.
Por todas esas prolongadas distorsiones morales de nuestra sociedad
opositora es que el pueblo pata al suelo se encojonò y decidiò darle el culo a Chàvez.
Ellos bien saben que no estaràn mejor ni viviràn mejor en comunismo, pero estàn gozando una bola viendo como todos vagos chupa sangre recién vestidos terminan igual de jodidos que ellos. El miserable venezolano no aspira justicia ni superaciòn de su nivel de vida. Solo aspira ver a los ricos comiendo mierda, igual que ellos, para que todos sean iguales. Es decir, al igual que Chàvez, lo que quiere el pueblo es que todos coman mierda pareja (tal como lo hizo él en sus años mozos en casa de sus padres/abuela). Al menos asì lo entiendo yo.
Amigo, òlvidate del tango y comienza a bailar bolero: Venezuela no tiene salida ni escape del comunismo. Hay que reconocer que la ùnica razòn por la cual entrò el comunismo en Venezuela es porque como dijo Bolívar: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”…carecemos de valores , carecemos de integridad como ciudadanos y sobre todo; carecemos de DIGNIDAD; somos una sociedad de cómplices.
Les llegò la hora de bailar el son que les toquen los cubanos, así de simple. Por algo serà...... "
Rómulo Betancourt: “En Venezuela un escándalo tapa a otro escándalo”
Gonzalo Barrios: “En Venezuela no hay razones para no robar”
Jóvito Villalba: “Señores aquí no ha pasado nada”
Hugo Rafael Chávez Frías en el Ateneo de Caracas: “…dijo que podías robar si tenías hambre…”
8.1.10
9.11.09
20 años de la caída del muro de Berlin
Celebro a este pueblo que logo una reunificación pacífica después de años de dolor y separación.

Y un texto que escribí en mi primera visita a esa maravillosa ciudad en 1997:
"Me senté a ver la caída de la tarde en Berlín del este, ya sin muro...
Nunca un punto cardinal o dos, tuvieron tanto significado.
Nunca que el poniente fuera el Oeste y el naciente fuera el Este, resumió tantas cosas, tantos sentimientos juntos. De tour por la ciudad en donde viven los ángeles de Win Wennders, inmensa y majestuosa, levantada entre la eterna disonancia de la guerra y la paz, de los opuestos, de un muro, que aunque ya no existe, también levantó diferencias.
Un extraño sentimiento me invade. Primero una sensación de lejanía, de cuento contado, de película de guerra, se va disolviendo en la clara consciencia de lo que aquí se vive y se vivió. Todo al final como dice Gulanis, una cuestión de poder: rusos, alemanes, ingleses, franceses, antes Prusianos, Galos, Sajones...tantos nombres para reinventar la misma historia. La historia de la lucha del hombre contra el hombre. Con razón los ángeles están tristes...todo se basa en una eterna contradicción..."
8.11.09
2.11.09
das weiße Band / la cinta blanca
Das weisse band (La cinta blanca), de Michael Haneke, fue la película ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Desde hace años, el director austriaco está empeñado en rastrear las miserias que se esconden detrás las gestos cotidianos. ¿Quién puede dudar de su inocencia? Su estrategia acostumbra a seguir un camino similar: la cámara se detiene a la altura de los ojos. No hay trucos, dramas, gestos aprendidos. Los personajes evolucionan por la simple urgencia de vivir. Y de repente, algo extraño, misterioso y brutal se cuela para sentarse al lado del espectador. Todo en el cine de Haneke resulta tan cercano, tan común, tan propio... que asusta. Sus películas son golpes a las partes blandas de la conciencia. Mazazos inmisericordes.
Esta vez, en la que es su primera película de época, el director se traslada a la Alemania de antes de la Primera Guerra Mundial para localizar las semillas del nazismo. Se diría que un empeño grave. Sin embargo, lo que se descubre en Das weisse Band no es otra cosa que un pueblo sencillo como tantos en cualquier lugar del planeta. No hay más. La gente se ocupa de sus cosas. Cosas simples. No puede ser de otra manera. Poco a poco, con la contundencia en blanco y negro de una propuesta estética rigurosa, precisa y brutal, en el patio de butacas empieza a cundir la certeza de que lo que se cuenta es una historia propia. La de todos. Da miedo porque no hay más monstruos que los que habitan en la propia condición del ser humano.
El cine de Haneke de verdad duele. Toda una obra maestra. No dejen de verla.
1.11.09
3.10.09
19.9.09
No al abuso sexual infantil

Ilustración: Benjamin Lacombe
FLORES EN LA NIEVE, Ana Yolour
Había una vez una princesa que se llamaba Celeste. La princesa vivía en un castillo.
Pero el castillo era más grande que mi casa. Había más lugar.
La princesa tenía muchos vestidos y tenía zapatillas nuevas. Era hermosa.
La mamá le cepillaba el pelo y le ponía hebillas bonitas. El papá no. Y no tenía hermanos. Era feliz.
Un día la princesa salió a caminar. Llegó más allá de las vías donde vivía un príncipe.
El príncipe no era malo, le regalaba caramelos y huevitos de chocolate que tenían sorpresitas.
Sorpresitas que esconde en un lugar secreto para que nadie la rete y se las quite.
La princesa se puso contenta cuando vio al príncipe. Ahora no tenía miedo, le gustaba jugar con él.
Antes no, pero el principe se enojaba y le quitaba los regalitos.
La esperaba detrás del galpón con la bolsa de huevitos de chocolate.
Jugó y jugó, la princesa.
Se hizo tarde y regresó corriendo a su castillo. Y escondió las sorpresas.
Las puso junto a las otras. Ya tenía muchas.
Su papá no sabe jugar. Porque juega con ella en la noche y no le regala nada.
El príncipe sí. Y no tiene hermano la princesa.
La princesa cuando sea grande, se va a casar con el príncipe y se irá a un castillo grande.
Mi abuela puede venir también.
Entonces la princesa pondrá las sorpresas sobre los escalones del castillo.
Los escalones estarán blancos de nieve, porque estará todo nevado como en la foto del almanaque.
Y las dejará ahí para que las vean y los que pasen dirán que son florcitas de colores.
Ella no les dirá que son las sorpresitas que tenía escondidas. No.
Y la princesa vivirá feliz porque nadie, nadie se las quitará.
Nadie las tocará. El príncipe tampoco.Flores que crecieron en la nieve.
Serán sus flores.
Almas Rotas, ropajes infantiles hechos en cerámica que puestos en inocentes maletas blancas, de lejos, se ven hermosos con su fondo verde de flores, pero si te acercas a la ropa verás que está rota, tiene cicatrices y dolores que se quedarna ahí para siempre.
11.9.09
14.8.09
13.8.09
todas las mujeres que somos



están hechas de tierra y agua de mar,
una mano de mujer las parió altivas,
pensativas, serenas.
a sabiendas que su tiempo ya no existe
se reconocen eternas.
sobre el trabajo de Nathalie Schnider-Lang
17.7.09
Para el Gus de Montevideo

Tengo muy buenos amigos „reales“, esos que conozco „de toda la vida“ y a los que no siempre puedo visitar. Tengo amigos de aquí, de mi tierra adoptiva y tengo amigos allá en donde entrerraron mi ombligo. Tengo amigos a los que escribo cartas a la vieja usanza, porque soy una romántica del papel y del pasado y porque ellos son mi asidero y mi puerto.
Quién hubiera creído lo que los libros de ciencia ficción, esos que leíamos en la adolescencia, decían: que uno podía construir puentes a través de una máquina, que uno podía lograr comunicarse con seres de otra galaxía. Que uno podía tener amigos “vituales“.
Hoy esa comuncación es posible y es tan verdadera, en ocasiones hasta más profunda que la que se efectua con algunos amigos “reales“.
Decidí tener mi blog hace tres años y nunca esperé tener el universo de amigos del “alma“ que ahora tengo. No les conozco personalmente pues vivimos en puntos distantes de este planeta, en galaxias personales quizá distintas. Nunca he oido sus voces y quizá nunca nos veamos, pero los conozco adentro, ahí donde reside el alma. Y es que si los ojos son su espejo, estoy segura que el alma de la gente se puede tocar y conocer a profundidad a través de la palabra escrita.
A mí me pasa como a tí, se me van los días y no he tocado el blog... entonces me siento culpable de ausencia, por no escribir tan amenudo como lo hacía al principio. Por no tener el tiempo de antes para caminar por la calle de mis amigos virtuales, y de casa en casa ir empándome de sus pensamientos, para luego dejar una flor o un abrazo colgado de la ventana.
Sin embargo y pese a lo esporádico de mis visitas y de las pocas alegrías que me da el reloj al dejarme postear mis pareceres, puedo decir que es lindo esto que nos ha dado la fría tegnología, esta posibilidad de humanizar el teclado teniendo a alguien al otro lado, sabiendo que también ha construido un puente, en dirección hacia el otro -ese que también somos - con la sola intención de lograr el encuentro... (parafraseando al tío Cortázar)
Y como no escribimos para que nos lean, sino para encontrarnos, sé que lo seguiremos haciendo al ritmo que el tirano tiempo nos permita. Nos sentaremosen una plaza cualquiera de ese sur o de este norte, nos tomaremos un café o saldremos a caminar la calle describiendo las cosas que nos conmueven de nuestros mundos reales para luego guardarlas en esta caja que nos permite de vez en cuando acercarnos y abrazarnos para que luego emprendamos nuevamente el vuelo.
15.7.09
la imagen de ti

Los secretos designios del tiempo y la memoria, me mantienen irremediablemente unida a tu sombra. Apareces en sueños o en un gesto ajeno. Alguien canta Serrat y otros ojos me miran, hay un olor que perpetua ternuras y azares. Hay una música de esferas. Hay una vuelta atrás sin emergencias. Entonces todo es comienzo. Tu imagen regresa a la orilla de mi alma, mi voz te nombra. Atravieso el recuerdo, colecciono imágenes rotas, recompongo momentos. Me traigo lo que más brilla. Hoy nombrándote te creo. Sonreímos.
5.7.09
Aunque no estás
Alejandro Filio
Desperté y el silencio supo a ti
y al abrir la ventana supe más
supe que la mañana se podía recortar
para enviarla en un sobre a donde sueles despertar
qué maneras extrañas tengo para recordar.
Desperté y respirando comprendí
que detrás de un milagro vienes tú
hace tantos inviernos que no puedo rescatar
al adiós que en el tiempo nos partió por la mitad
tú del brazo el viento y yo mirándote volar.
Qué maravilla es poder sentirte aunque no estás
siempre supe que en el viento te podías quedar.
Las historias hermosas son así
nos prometen de lejos ser verdad
le pedimos al tiempo que les traiga por acá
y al final en un sueño suelen ser casualidad
a la vuelta del corazón volvemos a empezar.
Como nube la dicha nos llovió
sin saber hasta donde caminar
y a tu mundo pequeño le inventaba una canción
delicada y perfecta como alma de caracol
tú dormiste y la luz después del día nos cegó.
3.7.09
Confesión

Me falta la palabra y los días que se cuelan por la rendija que deja abierta un suspiro; me huyen los minutos, corro tras ellos, pero no hay encuentro.
Me falta el tiempo y envidio a los que lo tienen encerrado en cápsulas de vidrio.
Me faltan los encuentros en una esquina de esas de café y museo.
Me sobra el deber hacer y ser y el revelarme ante ellos.
Me sobra el cansancio el deseo de cama y sueño.
Hoy lo confieso.
28.5.09
Manuscrito hallado junto a una mano

FRAGMENTO LITERARIO: RELATOS DEL AUTOR DE 'RAYUELA' Cortázar: papeles inesperados. El País. com
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Manuscrito/hallado/junto/mano/elpepusocdmg/20090524elpdmgrep_5/TesEn la antevíspera de la Navidad de 2006, Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar, charlaba en su casa de París con el escritor y crítico Carles Álvarez Garriga. En un momento de la conversación, ella extrajo de una vieja cómoda un puñado de manuscritos y textos mecanografiados. "¿Has leído alguna vez esto?", le preguntó. Aquellas páginas resultaron ser inéditas. Los textos encontrados, junto con otros muchos que habían visto la luz de forma muy dispersa, integran ahora el libro 'Papeles inesperados' que la editorial Alfaguara difundirá en España la próxima semana. Reproducimos uno de los relatos incluidos en ese volumen, así como tres historias recuperadas de cronopios.
Llegaré a Estambul a las ocho y media de la noche. El concierto de Nathan Milstein comienza a las nueve, pero no será necesario que asista a la primera parte; entraré al final del intervalo, después de darme un baño y comer un bocado en el Hilton. Para ir matando el tiempo me divierte recordar todo lo que hay detrás de este viaje, detrás de todos los viajes de los dos últimos años. No es la primera vez que pongo por escrito estos recuerdos, pero siempre tengo buen cuidado de romper los papeles al llegar a destino. Me complace releer una y otra vez mi maravillosa historia, aunque luego prefiera borrar sus huellas. Hoy el viaje me parece interminable, las revistas son aburridas, la hostess tiene cara de tonta, no se puede siquiera invitar a otro pasajero a jugar a las cartas. Escribamos, entonces, para aislarnos del rugido de las turbinas. Ahora que lo pienso, también me aburría mucho la noche en que se me ocurrió entrar al concierto de Ruggiero Ricci. Yo, que no puedo aguantar a Paganini. Pero me aburría tanto que entré y me senté en una localidad barata que sobraba por milagro, ya que la gente adora a Paganini y además hay que escuchar a Ricci cuando toca los Caprichos. Era un concierto excelente y me asombró la técnica de Ricci, su manera inconcebible de transformar el violín en una especie de pájaro de fuego, de cohete sideral, de kermesse enloquecida. Me acuerdo muy bien del momento: la gente se había quedado como paralizada con el remate esplendoroso de uno de los caprichos, y Ricci, casi sin solución de continuidad, atacaba el siguiente. Entonces yo pensé en mi tía, por una de esas absurdas distracciones que nos atacan en lo más hondo de la atención, y en ese mismo instante saltó la segunda cuerda del violín. Cosa muy desagradable, porque Ricci tuvo que saludar, salir del escenario y regresar con cara de pocos amigos, mientras en el público se perdía esa tensión que todo intérprete conjura y aprovecha. El pianista atacó su parte, y Ricci volvió a tocar el capricho. Pero a mí me había quedado una sensación confusa y obstinada a la vez, una especie de problema no resuelto, de elementos disociados que buscaban concatenarse. Distraído, incapaz de volver a entrar en la música, analicé lo sucedido hasta el momento en que había empezado a desasosegarme, y concluí que la culpa parecía ser de mi tía, de que yo hubiera pensado en mi tía en mitad de un capricho de Paganini. En ese mismo instante se cayó la tapa del piano, con un estruendo que provocó el horror de la sala y la total dislocación del concierto. Salí a la calle muy perturbado y me fui a tomar un café, pensando que no tenía suerte cuando se me ocurría divertirme un poco.
Debo ser muy ingenuo, pero ahora sé que hasta la ingenuidad puede tener su recompensa. Consultando las carteleras averigüé que Ruggiero Ricci continuaba su tournée en Lyon. Haciendo un sacrificio me instalé en la segunda clase de un tren que olía a moho, no sin dar parte de enfermo en el instituto médico-legal donde trabajaba. En Lyon compré la localidad más barata del teatro, después de comer un mal bocado en la estación, y por las dudas, por Ricci sobre todo, no entré hasta último momento, es decir hasta Paganini. Mis intenciones eran puramente científicas (¿pero es la verdad, no estaba ya trazado el plan en alguna parte?) y como no quería perjudicar al artista, esperé una breve pausa entre dos caprichos pera pensar en mi tía. Casi sin creerlo vi que Ricci examinaba atentamente el arco del violín, se inclinaba con un ademán de excusa, y salía del escenario. Abandoné inmediatamente la sala, temeroso de que me resultara imposible dejar de acordarme otra vez de mi tía. Desde el hotel, esa misma noche, escribí el primero de los mensajes anónimos que algunos concertistas famosos dieron en llamar las cartas negras. Por supuesto Ricci no me contestó, pero mi carta preveía no sólo la carcajada burlona del destinatario sino su propio final en el cesto de los papeles. En el concierto siguiente -era en Grenoble- calculé exactamente el momento de entrar en la sala, y a mitad del segundo movimiento de una sonata de Schumann pensé en mi tía. Las luces de la sala se apagaron, hubo una confusión considerable y Ricci, un poco pálido, debió acordarse de cierto pasaje de mi carta antes de volver a tocar; no sé si la sonata valía la pena, porque yo iba ya camino del hotel.
Su secretario me recibió dos días después, y como no desprecio a nadie acepté una pequeña demostración en privado, no sin dejar en claro que las condiciones especiales de la prueba podían influir en el resultado. Como Ricci se negaba a verme, cosa que no dejé de agradecerle, se convino en que permanecería en su habitación del hotel, y que yo me instalaría en la antecámara, junto al secretario. Disimulando la ansiedad de todo novicio, me senté en un sofá y escuché un rato. Después toqué el hombro del secretario y pensé en mi tía. En la estancia contigua se oyó una maldición en excelente norteamericano, y tuve el tiempo preciso de salir por una puerta antes de que una tromba humana entrara por la otra armada de un Stradivarius del que colgaba una cuerda.
Quedamos en que serían mil dólares mensuales, que se depositarían en una discreta cuenta de banco que tenía la intención de abrir con el producto de la primera entrega. El secretario, que me llevó el dinero al hotel, no disimuló que haría todo lo posible por contrarrestar lo que calificó de odiosa maquinación. Opté por el silencio y por guardarme el dinero, y esperé la segunda entrega. Cuando pasaron dos meses sin que el banco me notificara del depósito, tomé el avión para Casablanca a pesar de que el viaje me costaba gran parte de la primera entrega. Creo que esa noche mi triunfo quedó definitivamente certificado, porque mi carta al secretario contenía las precisiones suficientes y nadie es tan tonto en este mundo. Pude volver a París y dedicarme concienzudamente a Isaac Stern, que iniciaba su tournée francesa. Al mes siguiente fui a Londres y tuve una entrevista con el empresario de Nathan Milstein y otra con el secretario de Arthur Grumiaux. El dinero me permitía perfeccionar mi técnica, y los aviones, esos violines del espacio, me hacían ahorrar mucho tiempo; en menos de seis meses se sumaron a mi lista Zino Francescatti, Yehudi Menuhin, Ricardo Odnoposoff, Christian Ferras, Ivry Gitlis y Jascha Heifetz. Fracasé parcialmente con Leonid Kogan y con los dos Oistrakh, pues me demostraron que sólo estaban en condiciones de pagar en rublos, pero por la dudas quedamos en que me depositarían las cuotas en Moscú y me enviarían los debidos comprobantes. No pierdo la esperanza, si los negocios me lo permiten, de afincarme por un tiempo en la Unión Soviética y apreciar las bellezas de su música.
Como es natural, teniendo en cuenta que el número de violinistas famosos es muy limitado, hice algunos experimentos colaterales. El violoncelo respondió de inmediato al recuerdo de mi tía, pero el piano, el arpa y la guitarra se mostraron indiferentes. Tuve que dedicarme exclusivamente a los arcos, y empecé mi nuevo sector de clientes con Gregor Piatigorsky, Gaspar Cassadó y Pierre Michelin. Después de ajustar mi trato con Pierre Fournier, hice un viaje de descanso al festival de Prades donde tuve una conversación muy poco agradable con Pablo Casals. Siempre he respetado la vejez, pero me pareció penoso que el venerable maestro catalán insistiera en una rebaja del veinte por ciento o, en el peor de los casos, del quince. Le acordé un diez por ciento a cambio de su palabra de honor de que no mencionaría la rebaja a ningún colega, pero fui mal recompensado porque el maestro empezó por no dar conciertos durante seis meses, y como era previsible no pagó ni un centavo. Tuve que tomar otro avión, ir a otro festival. El maestro pagó. Esas cosas me disgustaban mucho.
En realidad yo debería consagrarme ya al descanso puesto que mi cuenta de banco crece a razón de 17.900 dólares mensuales, pero la mala fe de mis clientes es infinita. Tan pronto se han alejado a más de dos mil kilómetros de París, donde saben que tengo mi centro de operaciones, dejan de enviarme la suma convenida. Para gentes que ganan tanto dinero hay que convenir en que es vergonzoso, pero nunca he perdido tiempo en recriminaciones de orden moral. Los Boeing se han hecho para otra cosa, y tengo buen cuidado de refrescar personalmente la memoria de los refractarios. Estoy seguro de que Heifetz, por ejemplo, ha de tener muy presente cierta noche en el teatro de Tel Aviv, y que Francescatti no se consuela del final de su último concierto en Buenos Aires. Por su parte, sé que hacen todo lo posible por liberarse de sus obligaciones, y nunca me he reído tanto como al enterarme del consejo de guerra que celebraron el año pasado en Los Ángeles, so pretexto de la descabellada invitación de una heredera californiana atacada de melomanía megalómana. Los resultados fueron irrisorios pero inmediatos: la policía me interrogó en París sin mayor convicción. Reconocí mi calidad de aficionado, mi predilección por los instrumentos de arco, y la admiración hacia los grandes virtuosos que me mueve a recorrer el mundo para asistir a sus conciertos. Acabaron por dejarme tranquilo, aconsejándome en bien de mi salud que cambiara de diversiones; prometí hacerlo, y días después envié una nueva carta a mis clientes felicitándolos por su astucia y aconsejándoles el pago puntual de sus obligaciones. Ya por ese entonces había comprado una casa de campo en Andorra, y cuando un agente desconocido hizo volar mi departamento de París con una carga de plástico, lo celebré asistiendo a un brillante concierto de Isaac Stern en Bruselas -malogrado ligeramente hacia el final- y enviándole unas pocas líneas a la mañana siguiente. Como era previsible, Stern hizo circular mi carta entre el resto de la clientela, y me es grato reconocer que en el curso del último año casi todos ellos han cumplido como caballeros, incluso en lo que se refiere a la indemnización que exigí por daños de guerra.
A pesar de las molestias que me ocasionan los recalcitrantes, debo admitir que soy feliz; incluso su rebeldía ocasional me permite ir conociendo el mundo, y siempre le estaré agradecido a Menuhin por un atardecer maravilloso en la bahía de Sydney. Creo que hasta mis fracasos me han ayudado a ser dichoso, pues si hubiera podido sumar entre mis clientes a los pianistas, que son legión, ya no habría tenido un minuto de descanso. Pero he dicho que fracasé con ellos y también con los directores de orquesta. Hace unas semanas, en mi finca de Andorra, me entretuve en hacer una serie de experimentos con el recuerdo de mi tía, y confirmé que su poder sólo se ejerce en aquellas cosas que guardan alguna analogía -por absurda que parezca- con los violines. Si pienso en mi tía mientras estoy mirando volar a una golondrina, es fatal que ésta gire en redondo, pierda por un instante el rumbo, y lo recobre después de un esfuerzo. También pensé en mi tía mientras un artista trazaba rápidamente un croquis en la plaza del pueblo, con líricos vaivenes de la mano. La carbonilla se le hizo polvo entre los dedos, y me costó disimular la risa ante su cara estupefacta. Pero más allá de esas secretas afinidades... En fin, es así. Y nada que hacer con los pianos.
Ventajas del narcisismo: acaban de anunciar que llegaremos dentro de un cuarto de hora, y al final resulta que lo he pasado muy bien escribiendo estas páginas que destruiré como siempre antes del aterrizaje. Lamento tener que mostrarme tan severo con Milstein, que es un artista admirable, pero esta vez se requiere un escarmiento que siembre el espanto entre la clientela. Siempre sospeché que Milstein me creía un estafador, y que mi poder no era para él otra cosa que el efímero resultado de la sugestión. Me consta que ha tratado de convencer a Grumiaux y a otros de que se rebelen abiertamente. En el fondo proceden como niños, y hay que tratarlos de la misma manera, pero esta vez la corrección será ejemplar. Estoy dispuesto a estropearle el concierto a Milstein desde el comienzo; los otros se enterarán con la mezcla de alegría y de horror propia de su gremio, y pondrán el violín en remojo por así decirlo.
Ya estamos llegando, el avión inicia su descenso. Desde la cabina de comando debe ser impresionante ver cómo la tierra parece enderezarse amenazadoramente Me imagino que a pesar de su experiencia, el piloto debe estar un poco crispado, con las manos aferradas al timón. Sí, era un sombrero rosa con volados, a mi tía le quedaba tan.
Historias de cronopios
Tres aventuras de los personajes creados por Julio Cortázar.
Vialidad
Un pobre cronopio va en su automóvil y al llegar a una esquina le fallan los frenos y choca contra otro auto. Un vigilante se acerca terriblemente y saca una libreta con tapas azules.
-¿No sabe manejar, usted? -grita el vigilante.
El cronopio lo mira un momento, y luego pregunta:
-¿Usted quién es?
El vigilante se queda duro, echa una ojeada a su uniforme como para convencerse de que no hay error.
-¿Cómo que quién soy? ¿No ve quién soy?
-Yo veo un uniforme de vigilante -explica el cronopio muy afligido-. Usted está dentro del uniforme pero el uniforme no me dice quién es usted.
El vigilante levanta la mano para pegarle, pero en la mano tiene la libreta y en la otra mano el lápiz, de manera que no le pega y se va adelante a copiar el número de la chapa. El cronopio está muy afligido y quisiera no haber chocado, porque ahora le seguirán haciendo preguntas y él no podrá contestarlas ya que no sabe quién se las hace y entre desconocidos uno no puede entenderse. (1952)
Almuerzos
En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.
-¿Cómo cuántas? -vocifera el fama-. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!
-Es que aquí las servimos de a siete, treinta y dos, o noventa y ocho -explica el cronopio.
El fama medita un momento, y el resultado de su meditación consiste en decirle al cronopio:
-Vea, mi amigo, váyase al carajo.
Para inmensa sorpresa del fama, el cronopio obedece instantáneamente, es decir que desaparece como si se lo hubiera bebido el viento. Por supuesto el fama no llegará a saber jamás dónde queda el tal carajo, y el cronopio probablemente tampoco, pero en todo caso el almuerzo dista de ser un éxito. (1952-1956)
'Never stop the press'
Un fama trabajaba tanto en el ramo de la yerba mate que-no-le-quedaba-tiempo-
para-nada. Así este fama languidecía por momentos, y alzando-los-ojos-al-cielo exclamaba con frecuencia: "¡Cuán sufro! ¡Soy la víctima del trabajo, y aunque ejemplo de laboriosidad, mi-vida-es-un-martirio!".
Enterado de su congoja, una esperanza que trabajaba de mecanógrafo en el despacho del fama se permitió dirigirse al fama, diciéndole así:
-Buenas salenas fama fama. Si usted incomunicado causa trabajo, yo solución bolsillo izquierdo saco ahora mismo.
El fama, con la amabilidad característica de su raza, frunció las cejas y estiró la mano. ¡Oh milagro! Entre sus dedos quedó enredado el mundo y el fama ya no tuvo motivos para quejarse de su suerte. Todas las mañanas venía la esperanza con una nueva ración de milagro y el fama, instalado en su sillón, recibía una declaración de guerra, y/o una declaración de paz, un buen crimen, una vista escogida del Tirol y/o de Bariloche y/o de Porto Alegre, una novedad en motores, un discurso, una foto de una actriz y/o de un actor, etc. Todo lo cual le costaba diez guitas, que no es mucha plata para comprarse el mundo.















